lunes, 8 de diciembre de 2014

El empoderamiento pacifista alcanzado por las negociaciones de paz que se realizan en Colombia


Una mirada académica y retrospectiva de los dos años de las negociaciones de paz del gobierno del Presidente Santos y el movimiento insurgente de las Farc - Ep, permite identificar diversas y soportadas razones para afirmar el empoderamiento pacifista de este proceso, esencialmente en una dimensión hacia adentro, es decir, en las partes vinculadas al mismo. Es este el objeto de este artículo.

Abordar este empoderamiento implica reconocer la complejidad, el nivel de dificultad y al mismo tiempo, la oportunidad que este tipo de negociaciones entrañan. En esta perspectiva, coinciden algunos investigadores para la paz, al señalar que “no es fácil iniciar negociaciones de paz, y menos aún, terminarlas con éxito” (Fisas, 2004:10), especialmente en conflictos armados prolongados y arraigados, como el que se registra Colombia; y también al enfatizar que no existen fórmulas académicas universalmente probadas que aseguren el éxito de las mismas (Lederach, 2008: 73,74,80). 

El «empoderamiento pacifista» representa, a la vez, una categoría académica, generada a principios de este siglo, dentro de las disciplinas que se dedican al estudio de la paz; y una realidad propositiva y ejemplarizante en diversos lugares del mundo. Se concibe como un proceso, soportado en cinco presupuestos que se interrelacionan entre si: capacidad para reconocer realidades, prácticas y acciones pacíficas; toma de conciencia sobre las capacidades que poseemos los seres, las comunidades y colectivos humanos para transformar pacíficamente los conflictos, y construir paces inacabadas; desarrollo de estas potencialidades y capacidades para hacer las paces; apropiación de un concepto de poder noviolento; y otorgar poder a la paz como mecanismo de cambio y transformación (Muñoz, 2001; Muñoz, 2001; Muñoz, Herrera, Molina, Sánchez, 2005; Conmis, Muñoz; 2013; Hernandez, 2014) .  

En Colombia, este empoderamiento se materializa en procesos de construcción de paz de pueblos indígenas y afrodescendientes, comunidades campesinas, organizaciones de víctimas y de mujeres; y en experiencias de la misma naturaleza del movimiento por la paz. También, en algunos procesos de negociaciones de paz,  como los realizados en el primer quinquenio de los noventa, y en el proceso de esta misma naturaleza que en la actualidad desarrollan el gobierno de Presidente  Santos y el movimiento insurgente de las Farc -Ep.

El empoderamiento de las negociaciones de paz en las partes de este proceso, se ha hecho visible de muchas maneras: tanto el gobierno como las Farc han desarrollado, perfectiblemente, potencialidades y capacidades para iniciar y mantener hasta la fecha este proceso, que como se ha mencionado, nunca es fácil; comprometerse con la transformación pacífica del prolongado conflicto armado de este país; adoptar cambios de posturas, que sin duda han permitido que quienes se han ubicado en orillas ideológicas y militares opuestas, y se han percibido como enemigos por largos años, se asuman en este proceso como interlocutores con capacidad de diálogo y negociación; apropiar lecciones y aprendizajes de anteriores procesos de esta naturaleza; acordar una agenda razonable y posible de negociación; superar escollos y avanzar poco a poco en la generación de confianzas; y registrar logros, también perfectibles y sin precedentes, en el corto lapso de 2 años. A ellas se agregan, las iniciativas de paz que han generado en distintos sectores de la sociedad civil, en torno de la protección y el mantenimiento de estas negociaciones hasta el logro de un acuerdo final de paz; y las sintonías y alianzas que ha alcanzado en actores de la cooperación internacional.

Este empoderamiento enseña que las negociaciones de paz tienen poder, y que es este un poder con características especiales: noviolento y transformador. También evidencia su capacidad para otorgar poder a la paz, al generar cambios y transformaciones necesarias, tanto en las partes como en la institucionalidad y las distintas expresiones de la sociedad civil; finalizar conflictos armados prolongados; y sentar las bases para la transformación de los mismos en el periodo de transición que se conoce como postacuerdo. 

No es posible desconocer el empoderamiento pacifista que las negociaciones de paz en referencia han alcanzado en las partes vinculadas a este proceso; y sus posibilidades hacia el futuro. Este empoderamiento permite afirmar que Colombia registra en la actualidad, la mayor ventana de oportunidad para la transformación pacífica del conflicto armado mencionado. 

Fuentes de información  

  • Comins Mingol, I., y Muñoz, F. A. (eds.) (2013), Filosofías y praxis de la paz. Barcelona, Icaria.  
  • Fisas, V., (2004) Procesos de paz y negociación en conflictos armados. Barcelona: Paidós Estado y Sociedad.
  • Hernandez Delgado, E., (2014). Empoderamiento pacifista de experiencias comunitarias locales en Colombia. (1971 – 2014). Tesis doctoral presentada al Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, septiembre 17 de 2014.
  • ____________________, (2014). Negociaciones de paz en Colombia. Una mirada en perspectiva de construcción de paz. Documento en proceso de publicación.
  • Lederach, J.P., (2008). La imaginación moral. El arte y el alma de construir la paz. Bogotá: Editorial Norma.
  • Muñoz, F., (ed.) (2001). La paz imperfecta. Granada: Editorial Universidad de Granada.
  • Muñoz, F., Herrera, J., Molina, B., Sánchez, S., (2005). Investigación de la paz y los derechos humanos desde Andalucía. Granada, Editorial Universidad de Granada.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Entrevista con Virginia M. Bouvier en el marco del encuentro de mujeres mediadoras en el conflicto armado colombiano

En este artículo publico la entrevista que el periodista Pastor Virviescas Gómez, realizó a Virginia M. Bouvier, o Ginny, como generalmente le llamamos, a comienzos de octubre del presente año. Pastor ha sido editor internacional del diario "El Espectador" y colaborador del mismo en Santander. En la actualidad es jefe de redacción del Periódico 15 de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Además, ha sido reconocido en dos ocasiones con el premio nacional de periodismo. 

Conocí a Ginny en el 2010, por la iniciativa de Ricardo Esquivia, a quien reconozco como mediador, constructor de paz y facilitador de sinergias. Por entonces y a partir de ese momento, coincidimos las dos en el interés por la mediación en el conflicto armado colombiano, las iniciativas civiles de paz, la transformación pacífica del conflicto en mención y las negociaciones de paz, entre otras. Debo destacar, que después de conocerla, diversas y autorizadas voces en Colombia, me fueron contando sobre los valiosos aportes de esta maravillosa mujer al trabajo en favor de los Derechos Humanos, la memoria histórica y esencialmente la construcción de la paz en este país.

En  el 2013 elaboramos el proyecto que en la actualidad coordinamos y desarrollamos, en el marco del convenio entre el Instituto para la Paz de los Estados Unidos -USIP- y el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga -UNAB-. El objeto del mismo está centrado en el fortalecimiento de mujeres mediadoras en el conflicto armado de Colombia. 

 La guerra y la paz de Colombia vistas desde EE UU


Con su menuda figura y la llama encendida por ver algún día a Colombia en paz que se refleja en el brillo de sus ojos azules, Virginia M. Bouvier, consejera para América Latina del Instituto de la Paz de los Estados Unidos de América (USIP), se paseó por la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) sin ninguna prevención o esquema de seguridad, sino entusiasmada por estar participando en el encuentro “Fortalecimiento de mujeres mediadoras en el conflicto armado colombiano: intercambio de experiencias y saberes”.

Así que después de intervenir en un panel junto a Alba Márquez, exguerrillera del Frente Farabundo Martí para la Liberación (FMLN) de El Salvador y hoy congresista; Carla Ruta, de la ong humanitaria suiza  “Llamado de Ginebra” y de Esperanza Hernández, investigadora del Instituto de Estudios Políticos (IEP) de la UNAB, Bouvier atendió esta entrevista exclusiva, no sin antes auscultar la visión del reportero.



El certamen, que se llevó a cabo del 30 de septiembre al 4 de octubre en el Auditorio Menor ‘Alfonso Gómez Gómez’ y en el Hostal UNAB, fue organizado por el IEP que dirige Carmen Lya Fernández, con el apoyo de la Agencia Usaid del Pueblo de los Estados Unidos y la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, ONU Mujeres.

Tomaron parte treinta mujeres indígenas y negras, víctimas del conflicto armado interno, funcionarias gubernamentales, delegados de ong internacionales y expertos en el tema como la exsenadora Piedad Córdoba Ruiz; Jonathan Richter, director de Programas de Usaid en Colombia; y Ana Teresa Bernal, alta consejera para los derechos de las víctimas (Alcaldía de Bogotá).

¿Qué es el Instituto de la Paz de los Estados Unidos?

Es una entidad financiada por el Congreso norteamericano, que fue constituida en 1984 así que estamos cumpliendo treinta años de existencia, con el mandato de contribuir a la prevención, gestión y resolución de conflictos internacionales. Y lo hacemos de distintas formas. Por ejemplo tenemos programas de financiación para apoyar a las gentes que están en las zonas de conflicto y que están buscando la prevención o tienen programas o procesos de resolución de conflictos o de construcción de la sociedad civil como un actor que puede ayudar a proteger los derechos humanos y promover la paz.

¿Su Instituto es ajeno a que quienes tengan la mayoría en el Congreso de su país sean demócratas o republicanos? ¿Depende de los vaivenes de la política interna? ¿O de los caprichos del presidente de turno?

No. Tenemos una junta directiva que por mandato es bipartidaria, con un balance entre estas dos fuerzas políticas. También contamos con varias personas que participan en la junta como funcionarios del Departamento de Estado y de la Escuela Nacional de Seguridad, así que la composición de la organización tiene ciertas protecciones para asegurar que no caigamos en el bipartidismo ni en una política de Estado. Somos independientes y autónomos, y una de las ventajas y logros que tenemos es que podemos convocar a todos los sectores y buscamos apoyar espacios de conversación sin tomar partido. Igualmente diría que respondemos bastante a la coyuntura política, porque hay debates muy difíciles y existe la necesidad de realizarlos, así que nosotros podemos ofrecer espacios de conversación mediada o facilitada con gente que no está de acuerdo entre sí.



¿Por qué están convencidos ustedes que las mujeres están llamadas a cumplir un rol de primer orden en la solución del conflicto armado interno colombiano?

Las mujeres llevan muchas décadas de jugar un papel en la construcción de paz y en la mediación de conflictos en sus territorios. Eso no hay que imaginarlo. Existen y es más cuestión de apoyar estos esfuerzos. Creo que las mujeres por haber sido tan invisibilizadas en la sociedad colombiana, a veces no se reconocen, no se estima que su participación cuente para algo. Y es que las mujeres hacen esto de una manera tan natural a veces que uno ni se da cuenta que está contribuyendo.

Una de las metas de este seminario-taller, que no hemos presentado como capacitación porque consideramos que esas mujeres ya han manifestado sus capacidades. Tienen capacidades, pero lo que no tienen es reconocimiento. Inclusive ellas mismas no se reconocen, entonces tratar de fortalecer sus capacidades de alguna manera comienza con un reconocimiento a lo que han logrado. Aquí ellas han compartido muchas experiencias que demuestran una perspicacia, una inteligencia, una persistencia, un esfuerzo de reconocer la humanidad del otro como la base de hacer un trabajo, que es un trabajo de mediación pero también es un trabajo de cómo resolver conflictos, cómo prevenir la violencia en sus comunidades, cómo prevenir desplazamientos, cómo manejar unas situaciones muy difíciles de conflicto armado y de cómo encontrar soluciones a nivel local.

De todos estos relatos que ha podido escuchar en este encuentro, ¿cuál ha sido el que más le ha impactado a pesar de que usted ha presenciado tantas experiencias dolorosas y traumáticas en este continente?

No sé en cuanto a la confidencialidad de lo particular si puedo destacar algo específico, pero yo diría que aquellos casos de secuestro de familiares, donde las mujeres han buscado la liberación de sus seres queridos y lo han conseguido. Puedo destacar el trabajo de Marleny Orjuela (Asociación de Familiares de Policías y Militares secuestrados por la guerrilla, Asfamipaz), que centenares de policías y militares capturados por las Farc han sido recuperados por el trabajo de ella. En otros casos las negociaciones con paramilitares que han hecho cerco a una comunidad y que por la valentía y la audacia de una mujer o un grupo de mujeres se han ido después de conversar con ellos y enfrentarlos, un poco reclamando su derecho a asumir esa vocería, para defender a los suyos y también la trayectoria de la mujer en la zona. En algún caso que oí los paramilitares entraron a una población y atemorizaron a todos sus habitantes, pero una mujer fue con algunas compañeras a reclamarles “con qué derecho están ustedes aquí amenazado que no podemos seguir, si nosotros llevamos décadas en esta zona. ¿Ustedes cuándo llegaron? ¿Qué derecho tienen?”. Diciéndoselos así, cara a cara. Lo mismo el caso de personas que estaban bajo amenaza por un sector u otro, y que fueron directamente a enfrentarse con los actores armados para preguntarles “¿qué quieren de mí?”, y que por la valentía de la mujer los actores armados que estaban presionando, intimidando o extorsionando dejaron de hacerlo. Un poco el reconocimiento de la valentía cuando las mujeres se ponen bravas, que ya los actores armados no pueden ponerle la cara y se ven obligados a retirarse. Igualmente cuando uno de los comandantes de las Farc lloró al estar enfrentado con un familiar que reclamaba por un pariente secuestrado. Hay muchas experiencias no contadas y las mujeres han trabajado en cierto silencio. No buscan la visibilidad y simplemente hacen su trabajo cuando algo pasa con una comunidad o con un familiar, y ha sido necesario ponerse en frente de la situación para resolver el problema.

¿Estas mujeres odian? ¿Quieren venganza?

Nada, nada. En los seminarios-talleres una de las cosas que se ha planteado es que de la mediación no se puede hacer un lugar de odio, porque no funciona y porque hay que ir con una apertura, una perspectiva de no juzgar al otro, de tratar de entender al otro y sus puntos de vista para poder negociar algo.

En este espacio hay muchas mujeres muy diferentes, que no están de acuerdo entre ellas, y el aceptar a la otra es una gran ganancia. Aquí por ejemplo hay varias excombatientes que han firmado pactos de la paz y que han entrado a la vida civil en Colombia, que están presentes en este seminario, y algunas de ellas contaron de sus experiencias, de su opción no por la guerra pero de su frustración por no encontrar espacio y una exclusión política que no dejó posibilidades de más justicia digamos, y que en cierto momento se dieron cuenta que la vía armada no era una opción adecuada y tomaron decisiones con mucha valentía de entrar en la vida civil.

Y después de uno de los testimonios sobre esta experiencia, una mujer desplazada que ha sido víctima de todos los grupos armados y su comunidad también, hizo su intervención con lágrimas y dijo: Yo tengo una historia donde mi comunidad ha sufrido bastante a manos de las guerrillas y de los paramilitares, y nunca se me ocurrió que los individuos de estos grupos tienen sus propias historias también, y que podría haber un deseo de paz entre ellos. Fue un momento muy emocionante.

¿Cómo comprender desde afuera que en este país hay gente que le sigue apostando a que fracasen todos los intentos de buscar una salida negociada y que esto se acabe de incendiar?

Es que hay muchos intereses en la guerra. Cuando se termine la guerra hay sectores que van a sufrir una reducción de sus fondos. La meta es pensar en cómo reducir este sector de la población, de crear oportunidades para quienes pueden perder con la paz, de buscar incorporarles en la sociedad de una manera en la que ellos también sientan que tienen un lugar y un trabajo digno.

En las conversaciones en La Habana (Cuba) no se ha contemplado una reducción de las Fuerzas Armadas, pero creo que hay que reconocer que si no hay guerra habrá que reacomodar las estructuras del poder y los presupuestos. Entonces hay que tratar de minimizar el temor de lo que puede pasar y buscar realmente alternativas para que los militares que han prestado servicio a la Nación en estas guerras durante tantos años, no sean aislados de la comunidad y del Estado. Ellos han jugado un papel, hay un reconocimiento de eso, así uno esté de acuerdo o no con la guerra, pero muchos han prestado servicio muy honorable y algunos otros no. Hay que separar eso también, hay que buscar la justicia para asegurar que toda la institucionalidad no sufra de acusaciones, sino que se identifique a quienes han abusado del poder, para limpiar la institucionalidad. No hay que dejarlos a un lado en el proceso.

Yo creo que el presidente (Juan Manuel) Santos ha hecho un trabajo muy interesante por buscar incorporar a los militares y policías en el proceso de paz, para asegurar que ellos se sienten parte de esa transición a una nueva etapa para Colombia.

¿La viuda o la huérfana que se sienta frente al victimario y le da la mano es una cobarde, como piensan algunos descerebrados, o que se volvió cómplice de ellos? ¿Cómo ven ustedes estos encuentros que se han venido dando en La Habana?

Esto de la reconciliación es un tema bien complicado. Hay dos niveles: uno personal e individual, y otro de la sociedad. El perdón personal nunca debe ser una expectativa de la sociedad, porque es una decisión de cada quien, e imponer una carga a la víctima por esto encuentro como una revictimización muy fuerte y equivocada. Sin embargo, ha habido muchas personas que han logrado llegar a sentir la necesidad de perdonar al otro. Eso viene a través de un proceso largo. No es una cosa que se puede decir que sí o decir que no. Es un proceso y tiene mucho que ver con los reclamos para la verdad y que no se puede perdonar lo que uno no sabe. Hay que saber de qué se perdona y hay que tener algún reconocimiento por parte de la persona que hizo mal de lo malo que ha hecho.

Yo encuentro una capacidad y un deseo de perdonar entre muchas víctimas, no todas, pero un deseo de personar para sanarse la víctima en sí, algo que tiene más que ver con la necesidad de sanación personal, de no querer vivir con el odio hacia el otro. Eso viene con la verdad, la justicia y la reparación. La reconciliación puede venir sólo en condición de que las otras situaciones se cumplan, así como las garantías de no repetición. Eso también sería lo más importante para la mayor parte de las víctimas. Ellos quieren garantías de que nunca se repita de nuevo y que no haya otras víctimas que tengan que sufrir como ellos y ella han padecido.


¿Para el Instituto de Paz de EE.UU. está claro que lo que se está negociando en Cuba es el fin del conflicto armado interno y no la paz, que implica muchas cosas más que el silencio de los fusiles?

Esa es una buena diferencia la que haces. Nosotros creemos que se está conversando para poner fin al conflicto armado interno en Colombia. Reconocemos sin embargo que la mayor parte de la violencia en este país no viene del conflicto entre las Farc y las fuerzas del Estado, y que tampoco todos los actores armados del conflicto están en La Habana. Debe haber un proceso de paz con los ‘elenos’ (Ejército de Liberación Nacional, ELN) para ponerle un punto final al conflicto armado, y también algunos arreglos con el EPL (Ejército Popular de Liberación).

Hay que pensar en un proceso de paz en Colombia como un proceso muy comprensivo e integral, que incluyera a todos los actores armados. Segundo, el proceso de negociación colombiano ha hecho tantas cosas innovadoras, una de ellas es esta comisión histórica de esclarecimiento del conflicto y sus víctimas. Lo que esta comisión puede ofrecer es destacar el hecho de que no es una negociación entre las Farc y el Gobierno colombiano lo que va a terminar el conflicto, porque hay muchas víctimas de muchos sectores y que hay que de nuevo tener un acercamiento integral al problema.

Para hacer un acercamiento integral hace falta entender el problema en su totalidad. La violencia del conflicto armado viene a ser una minoría de las violencias que existen en Colombia, que todas tienen vínculos entre sí pero creo que no se ha tratado todavía de desarmar estas otras violencias de los conflictos sociales. Por ejemplo pensando en el tema de Género, no se ha reconocido la relación entre la violencia contra la mujer y la violencia intrafamiliar y el conflicto armado, pero si uno hace un análisis de distintas dimensiones del conflicto, digamos el desplazamiento, algunos estudios han demostrado que un quince por ciento de los desplazados lo han hecho por razones de amenaza de violencia sexual o intrafamiliar. Ese es un impulso que hace repetir el conflicto. Si uno mira los cuestionarios que se han hecho a excombatientes, muchos de ellos al preguntarles por qué se juntaron a un sector armado como el quince o veinte por ciento responde que por violencia o por abuso sexual en su familia que dejaron la casa. Ese es otro factor que impulsa a la guerra y se convierte en un ciclo de violencia porque al final otro aspecto es que cuando los excombatientes vuelvan a sus casas para las mujeres la violencia aumenta. Entonces si la violencia aumenta en la casa ya se inicia el ciclo de nuevo y los jóvenes se van porque hay más violencia.

Entonces si uno piensa después que la violencia contra la mujer forma parte de las lógicas de la guerra, uno se pregunta: ¿Y cómo se interrumpe este ciclo? Lo que se sabe de la prevención de violencia contra mujeres, contra cualquier grupo, es que pasa dentro de un contexto de discriminación y maltrato de ese sector. Entonces si la violencia contra la mujer se permite existir por una idea de la sociedad de que la mujer tiene menos valor que el hombre, hay que buscar la manera de hacer más equitativa la relación entre la mujer y el hombre, para que la sociedad entienda que la mujer tiene la misma dignidad y los mismos derechos que el hombre.

Es algo complicado y la gente no capta muy bien los matices de la importancia de la participación política de la mujer, y crea un nuevo contexto en el cual no se acepta la violencia contra la mujer y si no se acepta la posibilidad de una renovación de la guerra es latente.

Cuando oye al propio Gobierno admitir  que en Colombia hay seis millones y medio de víctimas (600 mil de ellas en Bogotá), luego oye a unas mujeres que dicen que el conflicto continúa con igual o mayor fragor en poblaciones del Cauca como Santander de Quilichao o en El Catatumbo (Norte de Santander), ¿usted es optimista de lo que viene o este es un sueño?

Hay que manejar las expectativas y hay mucha carga en el Estado de resolverlo todo. Sabemos de otros procesos de paz que con la firma de unos acuerdos las cosas no cambian de manera inmediata, porque se requiere cierto trabajo, hacer nuevas institucionalidades, tramitar leyes que deben ser discutidas y aprobadas, y demanda de un apoyo desde la sociedad para el cambio. Creo que en Colombia se ha estado construyendo desde la base la paz, desde hace mucho tiempo y no es que aquí se comience de la nada, sin embargo  hay como una falta de articulación entre lo que está pasando en los territorios y lo que pasa en el nivel central. Tengo la confianza y el optimismo de que se va a firmar algo en La Habana. El balance de los poderes acá en Colombia es  difícil, hay muchos en contra, pero el anhelo popular sigue siendo para la paz. Hay una apuesta por la paz muy fuerte acá. Lo que no veo tan claro es cómo traducir esa firma en cambios reales y concretos en los territorios, y hay un escepticismo por parte de muchos en los territorios porque no hay cese bilateral de fuego, y la guerra para ellos se está intensificando en muchas regiones, entonces ven una situación compleja entre tener un proceso de paz y el vivir la guerra.

Además, algo que hemos aprendido de la violencia en los procesos de paz es que en muchos casos cuando se acerca la firma final de un acuerdo la violencia se destapa. Eso va a pasar y está pasando. Yo interpreto tantas amenazas en las últimas semanas contra los defensores de derechos humanos, contra los periodistas, contra los reclamantes de tierras y contra las víctimas, casi como un reconocimiento de que lo que pase en La Habana pueda llevar a un acuerdo, y hay gente que está con mucho temor de lo que puede significar para ellos y están reaccionando. En Irlanda del Norte, en Sudáfrica, en El Salvador, la violencia se destapó justo antes de la firma del acuerdo de paz, pero la sociedad civil y el gobierno en todos los casos supo acumular fuerzas con el aumento de la violencia y usar la violencia para decir es más urgente que nunca que llegáramos al final y firmemos un acuerdo de paz, en vez de decir es que hay una contradicción y si hay violencia hay que parar el proceso. Ya se está entendiendo más esa lección del Caguán cuando se descarriló el proceso por las violencias, por el avión secuestrado en particular. Esta vez lo que yo veo en cambio es una decisión muy clara de rodear el proceso hasta que termine. Eso ayuda.

El otro elemento es entender que en los procesos de paz se usa la violencia para ganar cosas en la mesa. En el caso colombiano no ha funcionado así. El uso de la violencia durante procesos de paz en el pasado y ahora, crea escepticismo y puede socavar el proceso porque la gente no cree en un proceso que no puede disminuir la violencia que están viviendo. Esta es una de las razones por la que muchos sectores están reclamando un cese bilateral del fuego.

¿Si no es por el diálogo y las negociaciones, cómo más se puede poner fin al conflicto armado interno en Colombia? ¿Esto cómo se ve desde Washington?

La opción militar ya no tiene apoyo en el exterior. Todo el mundo está reclamando una resolución política a un conflicto que tiene sus aspectos políticos. Y si uno mira los borradores y acuerdos preliminares que se han hecho en La Habana, tocan los temas estructurales del conflicto: reforma agraria, desarrollo integral y participación política. Este conflicto ha tenido  raíces en la cuestión política y es cuestión de una modernización de la democracia. No es nada radical lo que se está pidiendo. Ahora, en cuanto a las drogas y cultivos ilícitos, si bien no era un generador inicial del conflicto ha contribuido en su parte a la perpetuación del conflicto. Así que tenemos los tres factores principales que han dado origen al conflicto. Entonces creo que es un buen inicio, y víctimas y fin del conflicto se están conversando ahora. La apertura a las víctimas en la mesa de conversaciones en La Habana ha sido algo extraordinario, único, pionero en el mundo en cuanto a procesos. Colombia está construyendo un camino nuevo que va a ser replicado o al menos considerado en todos los otros procesos que existen en el planeta, porque abre nuevos espacios y nuevas formas. El tema de la participación política en particular es muy importante y allí el de la mujer, no sólo como víctima sino porque las mujeres tienen muchas propuestas y visiones diferentes que pueden ofrecer. Por eso la importancia de la subcomisión de género que se abrió en La Habana, porque crea nuevas oportunidades para las mujeres de contribuir a parar de una vez por todas este desangre.

¿Qué tan sincera es la actitud de Estados Unidos para que en este país se acabe la guerra, y más si nos ponemos a mirar la posición de su Gobierno en temas como Siria, Irak y Afganistán, o en un pasado no muy remoto en El Salvador, Nicaragua y Guatemala?


Es una pregunta que tiene muchos matices. El Instituto de Paz no toma posiciones políticas tal cual y tratamos de mantenernos como terceros que ofrecen espacios de discusión para buscar apoyar opciones no militares alternativas. En cuanto al trabajo en Colombia, la verdad es que este país no ha sido prioridad en estos años dentro del esquema del Congreso de Estados Unidos ni del Ejecutivo. Hay mucho debate sobre el papel de los Estados Unidos en Colombia, la mayoría a partir del ‘Plan Colombia’ y la lucha contra las drogas. Hay  una pluralidad de intereses de los Estados Unidos en Colombia: intereses comerciales con el Tratado de Libre Comercio (TLC), las drogas, en ciertos momentos la contrinsurgencia, en otro el contraterrorismo… Veo que en los últimos años ha habido una apertura hacia la paz, por lo menos en América Latina, y en el caso de Colombia se ha visto un deseo de apoyar una salida pacífica, que se ve que hay una posibilidad de lograr un acuerdo de paz y que hay que apoyarla. Estados Unidos no está en la parte por la guerra.

martes, 18 de noviembre de 2014

Negociaciones de paz y empoderamiento pacifista


Comienzo este artículo, recordando algunas reflexiones de estudiosos de la paz e investigadores para la paz, y  aprendizajes básicos de las negociaciones de paz. Viene a mi mente la afirmación de Vicenc Fisas:  "No es fácil iniciar un proceso de paz y menos aún salir con éxito del mismo"; la de Lederach: "En construcción de paz pequeños logros son grandes logros"; y las de Francisco Muñoz (Q.e.p.d.): "la paz es un proceso inacabado y perfectible" y "La paz nos hace más humanos". A ellos agregaría que las negociaciones de paz tienen poder pacífico transformador y otorgan poder a la paz. Estas reflexiones cobran singular importancia hoy, cuando el gobierno ha suspendido las negociaciones en curso, tras la retención por parte de las Farc - Ep del general Rubén Darío Alzate.

Las crisis, los embotellamientos y los factores obstaculizantes de los procesos de negociaciones de paz son eventos normales e inevitables dentro de los mismos; y lo verdaderamente retador es el desarrollo de capacidades, potencialidades y habilidades para superarlos y llegar hasta la orilla deseada del acuerdo final de paz. A su vez, lo que nos han enseñado las negociaciones de paz, aquí y allá, es que cada negociación es única al igual que el conflicto armado que pretende finalizar y transformar; no existen negociaciones perfectas, sino perfectibles; no se cuenta con fórmulas universales que aseguren el éxito de dichas negociaciones; y la creatividad y la flexibilidad son elementos esenciales dentro de las mismas.

Diversos académicos y constructores de paz, nacionales e internacionales, han reconocido los logros sin precedentes de las actuales negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Santos y el movimiento insurgente de las Farc - Ep; y han destacado su consecución en el corto lapso de estas negociaciones. Estos avances han alentado en sectores afectos a la paz, la confianza en las negociaciones en mención y en su capacidad para lograr el fin del largo conflicto armado y su transformación en el periodo de transición conocido como postacuerdo. 

Los logros de estas negociaciones no han implicado el desconocimiento de sus mayores retos y desafíos: la necesidad de iniciar negociaciones de paz con el Eln; la urgencia de una pedagogía de paz que ambiente este proceso y asegure la refrendación del acuerdo final de paz; el requerimiento de una mayor participación de la sociedad civil; y la necesidad de revisar el modelo de negociación en medio de la guerra, 

El modelo de negociación en medio de la guerra ha evidenciado su agotamiento y la necesidad de buscar alternativas para superarlo y a su vez ganar confianza tanto al interior del proceso como en la sociedad civil. Por ejemplo, en las regiones, los rigores del conflicto armado y del accionar de sus actores sobre la población civil, han generado escepticismo en las negociaciones de paz, dado que no sienten que los avances de las mismas en la Habana se reflejen en sus localidades y departamentos. A su vez, la retención de militares en Arauca, el pasado domingo y la del general Alzate ayer, generan en sectores de la institucionalidad y de la sociedad civil, dudas en torno de la seriedad del proceso y la voluntad política de las Farc - Ep. Este contexto favorece las voces que se levantan en contra de  las negociaciones de paz.  

Que alternativas permitirían superar la suspención de las negociaciones de paz y avanzar en su desarrollo? El gobierno y las Farc podrían asumir los acontecimientos que han generado esta tensión como una oportunidad para revisar el proceso y el modelo de negociación e incorporar ajustes que permitan mayor proyección y celeridad para llegar a la orilla deseada. A su vez, ganarían confianza las Farc ante los distintos sectores de opinión si liberan a los militares retenidos y ratifican su voluntad de apartarse de las retenciones y los secuestros. En igual forma, el gobierno y las Farc ganarían un mayor espacio frente a los enemigos de las negociaciones de paz. Ha llegado la hora de materializar confianzas y avances de dichas negociaciones.

Destaco de manera especial, la necesidad de empoderamiento de la sociedad civil afecta a la paz, de las negociaciones de paz, pronunciándose, movilizándose, requiriendo y presentando alternativas a las partes en dichas negociaciones. Distintos sectores de la sociedad civil han evidenciado su poder para construir la paz, generar cambios y transformaciones constructivas y mediar en el conflicto armado. Empoderarse implica desarrollar estas capacidades para ambientar y proteger las negociaciones de paz; requerir a las partes para que no se levanten de la mesa sin el acuerdo final de paz; generar un diálogo social en las regiones, que permita superar la polarización y llevar los logros de estas negociaciones a los territorios; articularse con las diversas iniciativas civiles de paz; y preparar condiciones para el postacuerdo. 

Ante la oportunidad histórica de cesar la violencia del conflicto armado y transformarlo por vía pacífica, en necesario que estas negociaciones de paz se sigan empoderando en las partes vinculadas a las mismas, en términos de desplegar capacidad de cambio y transformación, generación de confianzas y de construcción de acuerdos; y  a su vez, que la sociedad civil se empodere de dichas negociaciones, asumiendo un rol más protagónico en la construcción de la paz y sin tener que esperar hasta el postacuerdo.


jueves, 30 de octubre de 2014

Francisco Muñoz y sus aportes a la comprensión y la praxis de la paz


Hace ocho días, en forma prematura e inesperada, se apagó la vida del académico Francisco A. Muñoz Muñoz, o Paco Muñoz, forma generalizada como le llamaban en sus círculos más cercanos de los afectos y la amistad. Era catedrático de historia antigua de la Universidad de Granada, España; investigador para la paz y ex director del Instituto de la Paz y los Conflictos de la misma universidad; director y docente de diversos programas de doctorado en paz, que la universidad en mención ha desarrollado en Colombia y México, o en alianza con otras universidades de España; y esencialmente, constructor de paz, aquí o allá. Su fallecimiento ha suscitado sentidas expresiones de nostalgia en sus seres más queridos, sus colegas y estudiantes en España y en distintos países de Europa, el Norte de África y América Latina, y en los escenarios no académicos donde también se conoció su enfoque de la paz imperfecta y sus valiosas publicaciones. Todos coinciden al lamentar la pérdida generada por este acontecimiento.

Una reseña juiciosa de sus especiales condiciones como ser humano, su trayectoria como constructor de paz, su enfoque de paz y todo el valioso cuerpo teórico que generó en torno de los significados y la praxis (teoría y práctica) de la paz, conllevaría a la elaboración de un buen número de artículos y libros. Por ello, esta publicación admite que está lejos de dicha pretensión, y por el contrario, se centra en recoger y destacar, de manera sucinta, algunos de los principales aportes a la paz del querido y admirado académico.


Identifico dentro de sus más valiosos aportes a la paz: un marco teórico que permite comprender de manera más real y propositiva los significados de la paz, y que contribuye por ende a su construcción, estando integrado por su "enfoque de la paz imperfecta", la "matriz unitaria y comprensiva", propuesta para abordar la complejidad de la paz, y un cuerpo de conceptos teóricos, que soportan su enfoque, como: "el optimismo inteligente" que requiere la paz, "el empoderamiento pacifista", "la deconstrucción de las violencias", "las mediaciones" para la gestión pacífica de la conflictividad, y "el giro epistemológico, que permite abordar la conflictividad a partir de la paz misma y no desde las violencias (Muñoz, 2001; Muñoz, Herrera, Molina, Sanchez, 2005; Muñoz, Bolaños, 2011; Muñoz, Jimenez, 2013; Comins, Muñoz, 2013). También, la importancia que otorgó a la investigación para la paz, fomentándola y soportándose en ella; y toda la literatura académica que generó.



El enfoque de la paz imperfecta, encontró su origen a finales de los noventa, y su surgimiento abonó un terreno fértil y ávido de teoría y acción por la paz, producto del largo periodo de la guerra civil española y de la dictadura franquista, que se había extendido hasta mediados de los setenta (Comis, Muñoz, 2013). Desde entonces, este enfoque ha sido divulgado, reconocido, profundizado, ha alcanzado una significativa consolidación, y ha logrado una creciente acogida en ámbitos académicos y no académicos de diversos países. A su vez ha sido reconocido como real, transmoderno y propositivo.

La paz imperfecta hace ruptura frente a enfoques minimalistas y maximalistas de la paz. Dentro de los primeros, el enfoque de la paz negativa, que concibe la paz como simple ausencia de guerra y de conflicto; y respecto de los segundos, el enfoque de la paz positiva, definido como ausencia de toda violencia y justicia social (Galtung, 1995). La  ruptura se evidencia en el solo punto de partida del enfoque de Francisco Muñoz, que es el reconocimiento de la imposibilidad de una paz perfecta, lejana de la condición humana y de la complejidad; y en su afirmación de una paz imperfecta, es decir, inacabada, perfectible, construida mediante procesos, muchas veces, en el día a día, y que en diversas ocasiones coexiste con las violencias (Muñoz, 2001).

Este enfoque enfatiza que la paz no puede ser comprendida como una utopía irrealizable o una orilla inalcanzable; y por el contrario, la reconoce como una realidad social, que ha estado presente en todos los tiempos, posibilitando la supervivencia humana, generando valores, cultura, formas de vida y de relación, propuestas de organización social y política, y normativas que buscan garantizar la prolongación de la especie humana (Muñoz, 2001; Muñoz, Jimenez, 2012). También, que la paz es "signo de bienestar", "antídoto contra la violencia" y que "nos hace más humanos" (Muñoz, 2001; Muñoz, Herrera, Molina, Sanchez, 2005). Una paz que se materializa en la transformación pacífica de los conflictos, el reconocimiento de las experiencias de paz, la articulación de las mismas, el despliegue de capacidades y potencialidades para construir la paz, y en empoderamientos pacifistas como poder de cambio y transformación, entre otros. Estas reflexiones llevaron al profesor Francisco Muñoz a afirmar en diversos escenarios, que "la paz es siempre imperfecta". 

Destaco también, que el marco teórico que generó, ya mencionado, se soportó en hallazgos de investigación para la paz, recogidos en los grupos de investigación que conformó y dinamizó por muchos años, como el de "Paz imperfecta y conflictividad", integrado por académicos del Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, de otras universidades de España y de Europa, del Magreb y de América Latina. Francisco Muñoz motivó siempre el trabajo colectivo, tanto en investigación para la paz, como en publicaciones académicas producto de la misma. A su vez, el trabajo en red, como se evidenció en la incipiente Red de Investigadores para la Paz Imperfecta - RIPI-, constituida en el 2013, por estudiantes de doctorado de las Universidades del Valle, Medellín y el Atlántico en Colombia.




No puedo cerrar este artículo, sin hacer mención al afecto que Francisco Muñoz profesó por Colombia, su interés en la construcción de la paz en este país, y los valiosos esfuerzos que comprometió en procura de la misma. Formó en paz a muchos colombianos en la Universidad de Granada, en España, llevó el doctorado en paz a algunas universidades regionales de este país, integró a académicos colombianos en sus grupos de investigación, publicó con académicos colombianos, divulgó su enfoque de la paz imperfecta en diversos escenarios, académicos y no académicos, visitó iniciativas de paz de base social, conversó con diversos constructores de paz, y siempre ofreció generosamente su disponibilidad.



Sin lugar a dudas fue un privilegio conocerle, tenerlo entre nosotros, aprender de su enfoque de paz imperfecta y todo el marco teórico que generó; y reconozco, como muchos, que ha dejado un importante legado en el ámbito de la paz, la investigación para la paz, y la praxis de la paz.

Fuentes de información:

Comins Mingo, I., Muñoz, F., (eds.) (2013). Filosofías y praxis de la paz. Barcelona: Icaria.

Muñoz, F. (ed.) (2001). La paz Imperfecta. Granada: Editorial Universidad de Granada.

Muñoz, F., Herrera, J., Molina, B., Sanchez, S. (2005). Investigación de la paz y los derechos humanos desde Andalucía. Granada: Editorial Universidad de Granada.

Muñoz, F., Bolaños Carmona, J., (eds.) (2011). Los hábitus de la paz. Teorías y prácticas de la paz imperfecta. Granada: Editorial Universidad de Granada.

Muñoz, F., Jiménez Arenas, J.M., (eds.) (2012). La paz partera de la historia. Granada: Editorial Universidad de Granada.

Fotos

Las dos primeras son fotos de Francisco Muñoz Muñoz
La tercera y cuarta foto en orden descendente corresponde al grupo de investigación: "Paz imperfecta y conflictividad".
La cuarta foto, con integrantes de la Red de Investigación para la Paz Imperfecta -RIPI-

miércoles, 15 de octubre de 2014

Poema: "36 mujeres"

Comparto el bello poema: "36 mujeres", de Adalgiza Charria Quintero. Este poema encontró su inspiración en el encuentro de mujeres mediadoras, realizado en Bucaramanga, entre el 29 de septiembre y el 4 de octubre, en el marco del proyecto que desarrollan, el Instituto de Estudios Políticos de la IEPUNAB, y el Instituto para la Paz de los Estados Unidos - USIP-: "Fortalecimiento de mujeres mediadoras en el conflicto armado colombiano"-




36 Mujeres
Tal vez porque es borrasca
y cóncavas
han caminado en travesía
o porque sus tejidos
han estado a punto de sucumbir de acecho
o simplemente porque atroz
los mapas han llenado de polvareda sus auroras…
Creen vehementemente
aun sin fundamento
desafían la esperanza
y como dementes se abrazan
conjugan el llanto
buscan horizontes para conversar
profundizan sus brújulas
sanan la noche con su sed
acomodan los pies sobre la tierra
crean umbrales para derrumbarse.
No hay en ellas retoricas grandilocuentes
cuentan sus heroísmos en tono menor
se visten de llovizna
y el amor las empuja
a besar sus propios imposibles.

Adalgiza Charria Quintero

martes, 14 de octubre de 2014

Poder para hacer las paces

Poder para hacer las paces

Por Gerardo Pérez Viramontes

En muchos contextos, al hablar del poder, vienen a la mente imágenes de las autoridades que gobiernan, personajes con enormes riquezas o situaciones donde se utiliza la fuerza para imponerse sobre los demás. Esta manera de pensar el poder impide desarrollar la imaginación moral que se necesita para consolidar relaciones pacíficas. Como personas y como sociedad, tenemos capacidades para hacer la paz, pero necesitamos darles poder.

Con estas preocupaciones, los integrantes de la Red Iberoamericana de Investigadores para la Paz Imperfecta nos reunimos del 17 al 19 de septiembre en Granada-España, para reflexionar qué significa y cómo se ejerce en el día a día el empoderamiento pacifista. Tomando en cuenta que la paz (o las paces para ser más exacto) se construye de múltiples formas, en miles de circunstancias; intentamos reconocer los mecanismos y espacios de poder que las personas utilizan para transformar positivamente la conflictividad que nos relaciona con los demás.

El poder no es un atributo o propiedad de quienes están en algún puesto público (de forma legítima o no) o de quienes poseen riquezas. Tampoco tiene que ver solo con la violencia, la fuerza o la imposición. Gracias a Michel Foucault podemos afirmar que el poder está diseminado por todas partes, puesto que nos constituye como personas y está inscrito en nuestros cuerpos. La forma como está organizada la sociedad, las normas disciplinarias con las que coordinamos nuestras acciones, los discursos con los que definimos los hechos y las realidades, las maneras como hacemos uso del tiempo o el espacio, los saberes a través de los cuales resolvemos problemas del entorno…; son otras tantas modalidades como el poder configura nuestra vida en relación con los demás.

Sin embargo, para ejercer ese poder de la vida en sociedad, desde la perspectiva de una paz imperfecta se plantea:
1) la necesidad de cambiar muchas de nuestras formas tradicionales de pensar (hacer un giro epistemológico) sobre asuntos que hemos establecido como verdades: ¿Puede el estado hacer uso de la violencia legítima? ¿El hombre es un lobo para el hombre? ¿El poder corrompe a las personas?
2) la importancia de pensar la paz en una escala humana (imperfecta), es decir, reconociendo que en la vida cotidiana proliferan acciones pacíficas de diversa índole, en torno a los cuales se dan algunos hechos de violencia, y que contamos con múltiples mecanismos culturales y biológicos para regular y transformar positivamente la conflictividad.
3) lo relevante que resulta identificar y potenciar las mediaciones que existen o que podemos poner en marcha para de-construir la violencia y a convivir en paz (formas organizativas, normas, discursos, espacios, saberes ancestrales y científicos, políticas, etc.).

En este marco, las ponencias presentadas en el Seminario plantearon cómo se va consolidando empoderamiento pacifista a través de la gobernabilidad democrática, en las luchas de quienes defienden el maíz nativo, cuando se reconocen políticamente las potencialidades de las mujeres, en situaciones donde la población ha sido desplazada por la violencia, al formular una visión alternativa de la historia oficial, en el entorno de partidos políticos netamente indígenas, al definir o establecer políticas públicas.

Como saldo de los debates quedó claro que, de acuerdo a los contextos específicos (Caracas, La Paz, Bucaramanga, Buenos Aires, Guadalajara, Aguascalientes, Granada, Vitoria o Castellón…), empoderarse de manera pacífica significa impulsar procesos de cambio, constituirse como agente social, recuperar la memoria histórica, intercambio de saberes, defensa de territorios, mandar obedeciendo, construir consensos, trabajar por la justicia transicional, gobernabilidad, deconstrucción social del enemigo, intersubjetividad, autonomía, educación para la paz, desarrollo de capacidades, toma de conciencia…

De esta manera, constatamos que el poder está diseminado por todos los espacios que conforman el conglomerado social y casi no tiene nada que ver con imposición, violencia, riquezas o autoridad. El giro epistemológico que supone pensar el poder para construir procesos pacíficos demanda introducir la idea de libertad, en el concepto mismo de poder, para darnos cuenta del enorme potencial de capacidades con el que contamos los seres humanos para hacer las paces.

martes, 9 de septiembre de 2014

Posibilidades de la Paz en Ucrania desde la mirada de Vicenc Fisas


   Comparto en esta publicación el artículo de Vicenc Fisas sobre las posibilidades de la paz en Ucrania. En estas últimas tres décadas, la Historia de la Paz y la Investigación para la Paz han ofrecido significativas evidencias sobre negociaciones de paz y transformación de conflictos armados, muchas veces, como en el caso de Colombia, arraigados y de larga duración. 

    Si bien ninguno de estos casos exitosos puede aplicarse o replicarse en forma exacta en otro proceso de negociación de paz; sin lugar a dudas hay muchas lecciones por aprender de todos ellos,  especialmente ahora que Colombia cuenta con una valiosa e irrepetible oportunidad para finalizar la violencia del conflicto armado interno e iniciar el proceso de construcción de paz en el postacuerdo. Siempre hay posibilidades para transformar los conflictos en mención, las negociaciones de paz tienen alcances y no estamos irremediablemente atados a la violencia.


UCRANIA: LA PAZ ES POSIBLE
Vicenç Fisas
(Director de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB y autor del “Anuario 2014 de procesos de paz”)
Como tantos conflictos, el de Ucrania se ha vuelto tremendamente pasional, lo cual es siempre un problema porque disminuye la capacidad de lo racional, pero al mismo tiempo es uno de los conflictos que ha generado más propuestas de paz en poco tiempo. No es, por fortuna, un “conflicto huérfano” u “olvidado”, sino muy mediático, por la movilización de opiniones, actores primarios y secundarios, y especialmente de algunos organismos regionales, como la OTAN o la UE. Es más, los que añoraban la guerra fría y su consecuente militarización de las relaciones internacionales, están desempolvando los viejos manuales de disuasión para tomarse el pulso y jugar a la amenaza de la guerra, como si no hubiéramos aprendido las lecciones del pasado, y a pesar de la falta de ideas y de estrategia para parar de inmediato los conflictos de Siria, Gaza e Iraq, para poner tres ejemplos de tremendas dimensiones en su impacto letal o humanitario, amén de su capacidad desestabilizadora.
Ucrania no es conflicto de buenos y malos, sino un conflicto en el que intervienen de entrada muchos actores y factores, que se van modificando a lo largo del tiempo, y de forma bastante acelerada, pero con posibilidades de converger a corto plazo las demandas presentadas por cada uno de los actores principales, es decir, el Gobierno de Kiev y las dos regiones del este del país, rusoparlantes y muy vinculadas con Rusia . En ningún caso se trata de un conflicto de los que con los años deviene “intratable”, sino justamente lo contrario. Es un conflicto resoluble, con una cierta claridad en los intereses, más allá de las posiciones militaristas desatadas ya en los primeros momentos, en los que se abandonó la posibilidad de defender dichos intereses de forma pacífica y noviolenta, lo cual no es garantía de nada (recuérdese lo que ocurrió con las primeras manifestaciones pacíficas en Siria), pero siempre es lo más recomendable, como primera opción, cuando se produce un enfrentamiento de intereses. La desconfianza de estos momentos entre unos y otros se debe, precisamente, a que nadie ha dejado espacio (pedimos semanas, no años) para el alto el fuego y la activación de la diplomacia.
No ha ayudado mucho la ambigüedad de Putin, con propuestas interesantes en diversas ocasiones, pero dejando actuar al mismo tiempo a fuerzas militares sin identificar, rozando lo ridículo por su evidencia. Pero sin su concurso no habrá solución, y habrá que dejarle espacio para ser coprotagonista del remedio. Ucrania no puede ser un conflicto con vencedores y vencidos, sino un conflicto “win-win”, donde todos ganan porque han decidido colaborar en la búsqueda, discusión y aprobación de una fórmula satisfactoria para todas las partes. Para ello, sería conveniente tomarse en serio la actual propuesta de alto el fuego, y concienciarse de que es mucho más efectiva la política del teléfono (la diplomacia) que la de la artillería, que además afecta mayormente a la población civil. También ayudaría no caer en catastrofismos, para no usar la palabra histerismo, respecto a potenciales veleidades expansionistas de Rusia respecto a países ya independientes y ajenos a la órbita moscovita. No creo que Putin vaya con estas intenciones, pero en cambio es comprensible (al menos para mí) su temor a que la OTAN se vaya expandiendo por el este europeo y desaparezcan los “países tapón o colchón”.  También es un contrasentido que los países de la OTAN actúen con prudencia en lo económico, por el alto precio a pagar por un hipotético corte del suministro del gas (algo que tampoco favorecería a Moscú, por lo que es improbable), y en cambio quieran enseñar musculatura militar de manera más bien simbólica. Propondría dejarse de intimidaciones de esta naturaleza, para centrarse en lo que pueden dar de sí las propuestas de paz que han ido apareciendo. En abril ya hubo una primera propuesta, aunque corta, aceptada por Moscú y Kiev. El 20 de junio, el presidente Poroshenko anunció un plan de paz muy interesante, con elementos que se han vuelto a plantear en la reunión del pasado viernes, con una plataforma de doce puntos que dan mucho juego para la negociación.

Sólo con estas propuestas, en cuya elaboración han participado Kiev, Rusia, Estados Unidos, la UE y la OSCE, hay material suficiente para negociar con los líderes políticos y militares de las regiones del este ucraniano, puliendo aspectos ahora controvertidos, pero no irresolubles, como si se concede una autonomía avanzada (descentralización) o un régimen federal, si se acepta la lengua rusa como idioma de uso en esta región, y por tanto se respeta, o pasa a ser cooficial; la compatibilidad de vincularse de alguna forma con la UE y de ser parte de la Unión Económica Euroasiática, etc., a lo que se podrían añadir otros elementos (dos pasaportes para quien lo solicite, declaración de neutralidad por parte de Ucrania, por ejemplo). En definitiva, no será la OTAN quién resolverá el conflicto, sino el cumplimiento de un alto el fuego duradero que permita una negociación con todos los actores, con garantes menos punitivos y más diplomáticos (me refiero a EEUU y la UE) y un rol claro de la OSCE como instancia verificadora. La solución está en la participación y en una ejercicio de escucha de los intereses de cada cual, sin la interferencia del uso de la fuerza y de la vuelta al pasado, y con el objetivo puesto en una solución donde todos ganen.