martes, 9 de septiembre de 2014

Posibilidades de la Paz en Ucrania desde la mirada de Vicenc Fisas


   Comparto en esta publicación el artículo de Vicenc Fisas sobre las posibilidades de la paz en Ucrania. En estas últimas tres décadas, la Historia de la Paz y la Investigación para la Paz han ofrecido significativas evidencias sobre negociaciones de paz y transformación de conflictos armados, muchas veces, como en el caso de Colombia, arraigados y de larga duración. 

    Si bien ninguno de estos casos exitosos puede aplicarse o replicarse en forma exacta en otro proceso de negociación de paz; sin lugar a dudas hay muchas lecciones por aprender de todos ellos,  especialmente ahora que Colombia cuenta con una valiosa e irrepetible oportunidad para finalizar la violencia del conflicto armado interno e iniciar el proceso de construcción de paz en el postacuerdo. Siempre hay posibilidades para transformar los conflictos en mención, las negociaciones de paz tienen alcances y no estamos irremediablemente atados a la violencia.


UCRANIA: LA PAZ ES POSIBLE
Vicenç Fisas
(Director de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB y autor del “Anuario 2014 de procesos de paz”)
Como tantos conflictos, el de Ucrania se ha vuelto tremendamente pasional, lo cual es siempre un problema porque disminuye la capacidad de lo racional, pero al mismo tiempo es uno de los conflictos que ha generado más propuestas de paz en poco tiempo. No es, por fortuna, un “conflicto huérfano” u “olvidado”, sino muy mediático, por la movilización de opiniones, actores primarios y secundarios, y especialmente de algunos organismos regionales, como la OTAN o la UE. Es más, los que añoraban la guerra fría y su consecuente militarización de las relaciones internacionales, están desempolvando los viejos manuales de disuasión para tomarse el pulso y jugar a la amenaza de la guerra, como si no hubiéramos aprendido las lecciones del pasado, y a pesar de la falta de ideas y de estrategia para parar de inmediato los conflictos de Siria, Gaza e Iraq, para poner tres ejemplos de tremendas dimensiones en su impacto letal o humanitario, amén de su capacidad desestabilizadora.
Ucrania no es conflicto de buenos y malos, sino un conflicto en el que intervienen de entrada muchos actores y factores, que se van modificando a lo largo del tiempo, y de forma bastante acelerada, pero con posibilidades de converger a corto plazo las demandas presentadas por cada uno de los actores principales, es decir, el Gobierno de Kiev y las dos regiones del este del país, rusoparlantes y muy vinculadas con Rusia . En ningún caso se trata de un conflicto de los que con los años deviene “intratable”, sino justamente lo contrario. Es un conflicto resoluble, con una cierta claridad en los intereses, más allá de las posiciones militaristas desatadas ya en los primeros momentos, en los que se abandonó la posibilidad de defender dichos intereses de forma pacífica y noviolenta, lo cual no es garantía de nada (recuérdese lo que ocurrió con las primeras manifestaciones pacíficas en Siria), pero siempre es lo más recomendable, como primera opción, cuando se produce un enfrentamiento de intereses. La desconfianza de estos momentos entre unos y otros se debe, precisamente, a que nadie ha dejado espacio (pedimos semanas, no años) para el alto el fuego y la activación de la diplomacia.
No ha ayudado mucho la ambigüedad de Putin, con propuestas interesantes en diversas ocasiones, pero dejando actuar al mismo tiempo a fuerzas militares sin identificar, rozando lo ridículo por su evidencia. Pero sin su concurso no habrá solución, y habrá que dejarle espacio para ser coprotagonista del remedio. Ucrania no puede ser un conflicto con vencedores y vencidos, sino un conflicto “win-win”, donde todos ganan porque han decidido colaborar en la búsqueda, discusión y aprobación de una fórmula satisfactoria para todas las partes. Para ello, sería conveniente tomarse en serio la actual propuesta de alto el fuego, y concienciarse de que es mucho más efectiva la política del teléfono (la diplomacia) que la de la artillería, que además afecta mayormente a la población civil. También ayudaría no caer en catastrofismos, para no usar la palabra histerismo, respecto a potenciales veleidades expansionistas de Rusia respecto a países ya independientes y ajenos a la órbita moscovita. No creo que Putin vaya con estas intenciones, pero en cambio es comprensible (al menos para mí) su temor a que la OTAN se vaya expandiendo por el este europeo y desaparezcan los “países tapón o colchón”.  También es un contrasentido que los países de la OTAN actúen con prudencia en lo económico, por el alto precio a pagar por un hipotético corte del suministro del gas (algo que tampoco favorecería a Moscú, por lo que es improbable), y en cambio quieran enseñar musculatura militar de manera más bien simbólica. Propondría dejarse de intimidaciones de esta naturaleza, para centrarse en lo que pueden dar de sí las propuestas de paz que han ido apareciendo. En abril ya hubo una primera propuesta, aunque corta, aceptada por Moscú y Kiev. El 20 de junio, el presidente Poroshenko anunció un plan de paz muy interesante, con elementos que se han vuelto a plantear en la reunión del pasado viernes, con una plataforma de doce puntos que dan mucho juego para la negociación.

Sólo con estas propuestas, en cuya elaboración han participado Kiev, Rusia, Estados Unidos, la UE y la OSCE, hay material suficiente para negociar con los líderes políticos y militares de las regiones del este ucraniano, puliendo aspectos ahora controvertidos, pero no irresolubles, como si se concede una autonomía avanzada (descentralización) o un régimen federal, si se acepta la lengua rusa como idioma de uso en esta región, y por tanto se respeta, o pasa a ser cooficial; la compatibilidad de vincularse de alguna forma con la UE y de ser parte de la Unión Económica Euroasiática, etc., a lo que se podrían añadir otros elementos (dos pasaportes para quien lo solicite, declaración de neutralidad por parte de Ucrania, por ejemplo). En definitiva, no será la OTAN quién resolverá el conflicto, sino el cumplimiento de un alto el fuego duradero que permita una negociación con todos los actores, con garantes menos punitivos y más diplomáticos (me refiero a EEUU y la UE) y un rol claro de la OSCE como instancia verificadora. La solución está en la participación y en una ejercicio de escucha de los intereses de cada cual, sin la interferencia del uso de la fuerza y de la vuelta al pasado, y con el objetivo puesto en una solución donde todos ganen.

viernes, 27 de junio de 2014

Virtudes clasicas para la paz

En este articulo comparto la reseña del libro: "Virtudes clásicas para la paz", editado por Fancisco A. Muñoz y Beatriz Molina Rueda, efectuada por la Universidad de Granada. Este libro es producto de un ejercicio de investigación para la paz y sin duda, representa un valioso aporte para la teoría y la práctica de la paz. Felicitaciones a Paco y Bea, sus editores, a los autores de los capítulos, y para el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, que nos ofrece nuevamente una juiciosa e interesante publicación.

“Virtudes clásicas para la paz”, nuevo libro de la UGR

25/06/2014
 
Con edición de los profesores Francisco A. Muñoz y Beatriz Molina Rueda, el volumen publicado por la Editorial Universidad de Granada trata de distintos aspectos de las virtudes como valores asociados a la paz
 
Los profesores Francisco A. Muñoz y Beatriz Molina Rueda son los responsables de la edición del libro “Virtudes clásicas para la paz”, publicado por la Editorial Universidad de Granada (eug), en el que se tratan distintos aspectos de las virtudes como valores asociados a la paz. 

Desde la perspectiva de la investigación de la paz, las virtudes orientan a las entidades humanas para mejorar el desarrollo de las potencialidades, para la satisfacción de necesidades, para la regulación pacífica de los conflictos, para la construcción de la paz. “En este sentido pretendemos verlo en este texto”, señalan los autores, quienes añaden: “Parafraseando la archiconocida frase atribuida a Gandhi `no hay camino para la paz, la paz es el camino`, podríamos decir que las virtudes no consisten en saber qué es el bien sino que son el camino para obrar bien y con honradez”. La habilidad de actuar correctamente, de acuerdo con lo que se considera honrado, es el centro de atención de las virtudes. Las creencias que las apoyan están ligadas con las acciones, experiencias e intenciones. Así, los actores tienen una responsabilidad intelectual u obligación deontológica de alcanzar la verdad y evitar el error, porque es necesaria una evaluación ética de las acciones y de las creencias que los guían.
Para los editores de este libro, las virtudes son “disposiciones básicas de las entidades humanas hacia lo moralmente bueno y loable”. Es decir, forman parte de las capacidades de los seres humanos que, basadas en modelos cognitivos, ontológicos y epistemológicos, orientan las conductas de acuerdo con los valores compartidos por esos seres humanos. “Las virtudes no son, por tanto --afirman los editores del libro-- pasiones, sensaciones, emociones o sentimientos, ni tampoco facultades, sino modos de ser libremente adquiridos por los sujetos, a través de sensibilidad, reflexibilidad y aprendizaje”. 

El libro, de 430 páginas, consta de una introducción a cargo de los editores y nueve estudios referidos a: “Virtudes clásicas para la paz” (Francisco Muñoz y Beatriz Molina Rueda); “La paz en femenino: género, mito y valores de paz en Grecia antigua” (María Dolores Mirón Pérez); “Las virtudes en las monedas imperiales romanas” (Francisco Muñoz y Cándida Martínez López); “Paz, arte y judaísmo” (Miguel Ángel Espinosa Villegas); “Virtudes de paz en los Prolegómenos a la historia universal de Ibn Jaldún” (Ana Ruth Vidal-Luengo); “Virtudes y paz en la literatura artística. Siglos XVI y XVII” (M.ª Elena Díez Jorge); “Alegorías, sentidos y virtudes de paz como modelo social en la España del siglo XVI” (Agustín Martínez Peláez); “La reina de todas las virtudes: la justicia en el antiguo régimen según los predicadores (Inés Gómez González): y “Virtudes para una sociedad democrática avanzada” (Octavio Salazar Benítez). 

virtudesClasicas
Contactos:
  • Profesor Francisco A. Muñoz. Departamento de Historia Antigua. Instituto Universitario de Investigación de la Paz y los Conflictos. Universidad de Granada. Tl.: 958 243680 y 958 242383. Correo electrónico: fmunoz@ugr.es
  • Profesora Beatriz Molina Rueda. Departamento de Estudios Semíticos. Instituto Universitario de Investigación de la Paz y los Conflictos. Universidad de Granada. Tl.: 958 243577 y 958 248356. Correo electrónico: bmolina@ugr.es

viernes, 13 de junio de 2014

La paz como estrategia electoral. Artículo de Vicenc Fisas




De manera particular, las próximas elecciones presidenciales en Colombia, definen aspectos prioritarios para este país: la posibilidad de dar continuidad al actual proceso de negociaciones de paz con las Farc -Ep, que ha alcanzado logros significativos y sin precedentes; poder avanzar en dicho proceso, incluyendo al Eln, y logrando el esperado acuerdo final que de fin al prolongado conflicto armado; dejar atrás mas de cincuenta años de confrontación armada y su múltiple impacto destructivo; y abrir el esperanzador escenario de construcción de la paz a partir del postacuerdo, aunque se trate de un proceso largo y complejo, evidenciado así, el empoderamiento de la paz y que Colombia no está irremediablemente atado a la violencia.

Comparto a continuación, el artículo de Vicenc Fisas, investigador para la paz, experto en negociaciones y mediaciones en conflictos armados, y estudioso del conflicto armado colombiano y sus procesos de negociaciones de paz, relacionado con la paz en la coyuntura electoral mencionada:  

"Este fin de semana hay elecciones presidenciales en Colombia, en segunda vuelta, y con encuestas poco favorables al actual presidente, Juan Manuel Santos, que ha hecho de la política de paz su bandera, frente al candidato opositor, uribista, que excepto al final de la campaña había mostrado una posición contraria a la continuación de las negociaciones con las FARC que se adelantan en Cuba desde hace meses. En pocos días, ambos candidatos han jugado fuerte con sus cartas, especialmente el presidente Santos, que en la última semana ha conseguido un preacuerdo con las FARC sobre el delicado tema de las víctimas, en las que todas las partes reconocen su responsabilidad, y el más reciente anuncio de que se estaba explorando con la guerrilla del ELN, el inicio de una negociación formal.

En el mismo día, sorprendió la declaración del candidato presidencial, Óscar Iván Zuluaga, que ganó en la primera vuelta, en el sentido de que si llegara a la presidencia, continuaría con los diálogos de Cuba con las FARC, pero con condiciones más severas y plazos que garantizaran avances tangibles. Concretamente, especificó que las FARC deberían acabar completamente con el reclutamiento de menores y comprometerse con el desminado. Hasta el momento, se había opuesto rotundamente a continuar negociando con la guerrilla, por lo que su nuevo planteamiento fue interpretado como una maniobra electoral. Una semana antes de celebrarse la segunda vuelta electoral, y con las encuestas de opinión desfavorables para el presidente Santos, Gobierno y FARC sorprendieron al hacer pública una “Declaración de principios para la discusión del punto 5 de la Agenda: “Víctimas”, en la que reconocían sus responsabilidades en el conflicto y se comprometían a dar la palabra a las víctimas. Al mismo tiempo, las FARC anunciaron un cese el fuego unilateral durante la última semana de la campaña electoral.

Pero eso no es todo. Cuatro días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, e inmediatamente después de que Gobierno y FARC sellaran el preacuerdo para abordar el tema de las víctimas, el presidente Santos anunció el día 10 que desde finales del 2013, el Gobierno mantenía contactos exploratorios con la guerrilla del ELN, con un largo encuentro de 21 días en Ecuador, en enero, y una segunda ronda en Brasil, de 20 días, además de otras reuniones de corta duración. La delegación gubernamental estuvo dirigida por Frank Pearl, ex comisionado de paz y ex director del programa de reintegración, el general retirado Eduardo Berbel, experto en negociaciones y procesos de paz, y Jaime Avendaño, veterano funcionario de la Presidencia. Por parte del ELN, asistió “Antonio García”, jefe militar de la guerrilla, junto a otros cuatro delegados, que también intervino en las malogradas negociaciones celebradas entre 2005 y 2007 en Cuba. Es considerado como un hombre duro, lo que garantiza que, de lograrse un acuerdo preliminar con el Gobierno, que no habrá disidencia en las filas del ELN. Como países garantes actúan Ecuador, Brasil y Noruega, y como países acompañantes, Venezuela, Chile y Cuba. Al parecer, la exploración no fue fácil, pues el Gobierno no aceptaba, entre otras cosas, el cese bilateral del fuego que exigía el ELN. Según algunos medios, lo más probable sería que la negociación formal se haga en Ecuador, cuyo presidente ya ha ofrecido su territorio para este menester.


Al existir avances en la agenda con las FARC, una futura negociación formal con el ELN podría pasar por aceptar los puntos ya firmados con las FARC, y quizás el abandono, al menos como primera exigencia, de la vieja aspiración del ELN de crear una Convención Nacional. Podría ser que el ELN mantuviera su interés principal en el tema del control de los recursos energéticos, tema que no está presente en la agenda de las FARC. El presidente Santos insistió en que no habría dos modelos diferentes de negociación, sino uno solo, por lo que FARC y ELN tendrán que ponerse de acuerdo en los próximos meses en relación a los temas que quedan en la agenda: el de las víctimas, que se ha empezado a discutir, y el del fin del conflicto, que a mi entender contiene un punto sumamente delicado, por la diferente posición de las dos delegaciones, relativo a la dejación de armas. Si gana Santos y hay continuidad en las negociaciones, vaticino un terremoto cuando se plantee el tema del desarme, pues las FARC no dejarán las armas sin tener garantías de que lo aprobado en las negociaciones se va a cumplir, y de inmediato tras la firma de un Acuerdo de Paz. Eso implicará a terceras instancias (países como Noruega, Cuba, Chile, Venezuela, Brasil y Ecuador), y organismos internacionales, como Naciones Unidas, que en su momento ya mostró su disposición a ayudar en el postconflicto. En cualquier caso, Colombia tiene una oportunidad de oro para terminar con 50 años de enfrentamiento con las guerrillas. Eso no comportará la paz de manera inmediata, pero se habrán sentado las bases para reforzar el papel del Estado y la oposición para transformar al país desde la democracia". 

Vicenç Fisas
(Director de la Escuela de Cultura de Paz de la UAB y autor de los Anuarios de Procesos de Paz)

martes, 13 de mayo de 2014

Pacto Nacional de Paz

Se empodera perfectiblemente la paz en Colombia. De un lado, un proceso de negociaciones de paz con alcances significativos y sin presedentes en la trayectoria de las negociaciones de paz enrre el Estado y la insurgencia; y del otro, distintos sectores de la sociedad civil proponen valiosas iniciativas de paz y las colocan en movimiento. Comparto en este artículo, la convocatoria a una importante iniciativa de paz de la sociedad civil en Colombia: el Pacto Nacional de Paz, que se viene dinamizando desde noviembre de 2013. Esta convocatoria fue elaborada por todas las organizaciones impulsoras de dicho Pacto. Ver web del Pacto Nacional por la Paz: https://www.facebook.com/pactonacionalporlapaz?ref=ts&fref=ts

Pacto Nacional por la Paz
"En la última etapa del largo camino para terminar la guerra y construir la paz en Colombia, el gobierno nacional y las FARC han concertado y desarrollado una mesa de diálogo y negociación en la cual se han construido importantes coincidencias; y los reiterados anuncios de las partes indican que estamos prontos al inicio de negociaciones con el ELN. Llegar a un acuerdo para la terminación del conflicto armado entre el gobierno y esas guerrillas es la expectativa de la inmensa mayoría de colombianos y colombianas.
Así como el gobierno y las insurgencias tienen la responsabilidad histórica de llegar a un acuerdo final, los ciudadanos y la sociedad en su conjunto tenemos la responsabilidad de rodear tal iniciativa, de exigirle a las partes permanecer en la mesa de diálogos hasta la firma de un acuerdo y de trabajar en la preparación de las condiciones para la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz integral y duradera.
Las negociaciones entre los actores armados para la terminación del conflicto crean condiciones propicias para que la sociedad pueda participar en la transformación de los factores estructurales relacionados con la disputa violenta por el poder. Es tarea de la sociedad en su conjunto asumir este momento para construir los cimientos de la paz integral, que hagan creíble el no retorno a la guerra.
El Pacto Nacional por la Paz es un ejercicio que busca fundamentalmente la adopción de consensos y acuerdos políticos firmes y duraderos entre actores de la sociedad colombiana, sobre los temas estructurales asociados al conflicto armado interno, de modo que se prefiguren las bases de una sólida democracia y de formas superiores de convivencia.
El Pacto Nacional por la Paz requiere y propicia una expresión social muy amplia con iniciativa ética y política capaz de inclinar el curso de los acontecimientos a favor de la paz, ayudar a subsanar las debilidades y crisis propias de la mesa de negociaciones y asumir la transición hacia una democracia auténtica, justa y equitativa. Es preciso que la paz sea política de Estado y los debates partidarios, en los medios y entre la ciudadanía, superen la contradicción entre paz negociada y guerra, y se concentren en los contenidos sustanciales de la paz tales como la profundización y ampliación de la democracia y la vida digna para todas las colombianas y los colombianos.

¿Quiénes lo construiremos?

Quienes tomamos esta iniciativa somos actores de la sociedad civil y de la sociedad política con el pleno interés y la total voluntad de contribuir a la terminación del conflicto interno armado. Queremos hacerlo mediante el diálogo tripartito Estado-Insurgencia-Sociedad para comprometernos con el proceso de construcción de la paz integral, estable y duradera.
El Pacto Nacional por la Paz convoca a todos los sectores sociales del país; a las organizaciones comunitarias y movimientos sociales, a los sindicatos, a los gremios empresariales y a los empresarios, a los partidos políticos, a las comunidades académicas, a periodistas y generadores de opinión, a los pueblos indígenas y afrodescendiente, a iglesias, a ciudadanos y ciudadanas no organizadas, a organizaciones de jóvenes y estudiantes, a las organizaciones de mujeres, a los grupos y procesos de niños y niñas.

Alcance del Pacto Nacional por la Paz

El Pacto Nacional por la Paz se basa en unos acuerdos mínimos sobre su alcance y posibles contenidos. Quienes hacemos este Llamado, reafirmamos:
1. El apoyo al proceso de negociación
Colombia necesita terminar este conflicto armado. Sin vacilación ni reserva de ningún tipo apoyamos las actuales conversaciones emprendidas por el gobierno nacional y las FARC-EP en La Habana, llamamos a que se formalicen los diálogos entre el gobierno y el ELN, y los exhortamos a pactar la terminación del conflicto y la apertura de caminos para la construcción de la paz estable y duradera.
La decisión de construir este Pacto Nacional por la Paz va acompañada de nuestra disponibilidad para participar en la refrendación e implementación de los acuerdos, como también para lograr que cada vez más colombianas y colombianos se comprometan con participar en una fase de transición, con la implementación de los acuerdos.
2. La voluntad de buscar caminos de reconciliación y convivencia ciudadana
Avanzar hacia el “Nunca Más” o no repetición de las atrocidades del conflicto requiere de un proceso decidido de verdad, justicia y reparación para las víctimas. Tal proceso debe apoyarse en ejercicios de reconstrucción de la memoria, de una Comisión Nacional de la Verdad y de prácticas locales, sectoriales y culturales de reconciliación y convivencia entre actores antes enfrentados violentamente.
3. El compromiso en la ampliación de la democracia
La paz estable y duradera requiere de un gran pacto político para: rescatar el Estado Social de Derecho; ampliar y fortalecer la democracia directa, participativa y representativa; consolidar un gran movimiento o convergencia civil (social y política) que se constituya en fuerza determinante de las soluciones políticas y negociadas de los conflictos en el país; y dar el salto hacia una cultura política incluyente y respetuosa de la pluralidad étnica, social y cultural de la nación.
Es tarea de la sociedad participar en la re-construcción de la democracia como espacio de la acción política; generar escenarios de diálogos multilaterales; ambientar y preparar los escenarios territoriales para el pos conflicto; y ejercer una acción de veeduría activa frente al cumplimiento de los acuerdos. Así, podemos avanzar hacia una política pública de paz, que se asuma como política de Estado.
4. La disposición de pactar un modelo de desarrollo equitativo e incluyente
Hay un consenso creciente en que el modelo de desarrollo requiere transformaciones que permitan superar la inequidad y la exclusión, así como prevenir nuevos conflictos y formas de violencia. La paz estable, duradera y con justicia social requiere de la concertación de las políticas económicas en todos los territorios y con todos los sectores; necesita garantías eficaces y mayores condiciones para el ejercicio progresivo de los derechos económicos, sociales y culturales; demanda incorporar un enfoque afín con los derechos de la naturaleza; y necesita reglas de juego claras y transparentes para todas las partes o agentes involucrados en el modelo de desarrollo.
5. La Importancia de la Educación y la Pedagogía para la Paz
Es necesario continuar y ampliar la reflexión crítica sobre la educación y su papel en la formación ciudadana, el ejercicio de la participación democrática, la construcción de visiones compartidas de futuro y la transformación social y política de los conflictos, sin el uso de la violencia.
Respondiendo a las necesidades del presente, la construcción de condiciones para la paz y la reconciliación, exige un marco ético y pedagógico que ofrezca elementos teóricos y prácticos, que se constituya en referente colectivo para la acción social, la gestión empresarial y la administración pública, a partir de una política educativa y pedagógica que privilegie la solidaridad, el reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural y ambiental, el respeto de los derechos humanos, la apropiación de una cultura de diálogo y el des aprendizaje de la violencia.
Colombia está madura para un Pacto Nacional por la Paz
En los meses recientes ha ido creciendo el número de acciones de movilización, deliberación y mandato por la paz emprendidos por actores nacionales y territoriales. Entre los elementos comunes de estas expresiones que facilitan la unidad de acción por la paz, y que permiten avanzar en la construcción del Pacto, se encuentran:
  • La demanda y el apoyo al Gobierno Nacional y a las FARC-EP para que permanezcan en la mesa hasta acordar la terminación del conflicto.
  • El apoyo al cumplimiento de la agenda y de los acuerdos a que lleguen las partes según los términos del Acuerdo General.
  • El apoyo a la participación ciudadana eficaz en la discusión de los seis (6) puntos de la Agenda y su preámbulo.
  • La disposición a contribuir con elementos debatidos y compartidos a la superación de las dificultades en las discusiones de la mesa o fuera de ella.
  • La demanda a los grupos insurgentes para que vinculen sus acciones al proceso de salida política del conflicto.
  • La defensa del derecho a que el diálogo político para la paz se desarrolle públicamente entre todos los actores sociales y políticos, incluidos los movimientos insurgentes.
  • La demanda de des escalar el enfrentamiento verbal y militar para que el país amplíe su credibilidad en los procesos de paz y reconciliación.
  • La visualización de una política nacional de paz que comprometa al mayor número de actores en la construcción de la paz estable y duradera.
  • El convencimiento de reivindicar y poner en primer plano a las víctimas del conflicto armado colombiano a partir de una política de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, que incluyan mecanismos de justicia transicional.
  • La aceptación de caminos que faciliten la conversión de los proyectos armados insurgentes en proyectos políticos democráticos.
A estos hechos nacionales debe agregarse la decisión estratégica de la cooperación y la comunidad internacional de apoyar la terminación del conflicto armado en Colombia, la implementación positiva de los acuerdos y la consolidación de la paz estable y duradera.

¿Cómo construir el Pacto?

Con la participación de todos los actores y sujetos mencionados. En consonancia con el espíritu de un Pacto Nacional por la Paz, debemos apoyarnos en metodologías concertadas entre los actores, flexibles y participativas, y en las prácticas pedagógicas existentes en los ámbitos social e institucional.
El horizonte es construir el Pacto a partir de pactos regionales y sectoriales simultáneos. Dichos pactos pueden tener múltiples modalidades: mesas de diálogo, conversatorios, talleres, seminarios, constituyentes locales, asambleas, convenciones o congresos.
Una vez aceptadas las premisas planteadas como ejes articuladores del Pacto, se propone la siguiente ruta:
  • Las organizaciones y personas comprometidas incluyen el Pacto Nacional de Paz en sus agendas institucional, política, de interlocución y de incidencia. Lo anterior implica la construcción de pactos bilaterales, sectoriales, locales/regionales en sus acciones cotidianas.
  • Se conforma una Comisión Nacional Impulsora de, al menos, 50 personas.
  • La Comisión Nacional Impulsora desarrollará una pedagogía para la paz y la reconciliación con metodologías participativas y actividades complementarias con la intención de pasar de la aproximación y el intercambio a la concertación de pactos.
  • Tales acuerdos se consolidan y legitiman en los escenarios locales y regionales, y en las múltiples expresiones de la sociedad civil y la sociedad política.
  • Se conforma una Comisión Sistematizadora que recoja y retroalimente los pactos locales, regionales y sectoriales con el objetivo de estructurar la propuesta de Pacto Nacional por la Paz.
  • En julio de 2014 quedará listo el Pacto Nacional por la Paz y el 7 de agosto de 2014 se entregará al país y al próximo Presidente de la República como un Mandato Ciudadano para hacer de la paz una política de Estado".
Bogotá, Marzo de 2014.
Comité Nacional Impulsor del Pacto:
Redprodepaz- Red Nacional de Programas Regionales de Desarrollo y Paz, FIP- Fundación Ideas para la Paz, CINEP- Programa por la Paz, CCONG-Confederación Colombiana de ONG, Ponificia Universidad Javeriana, Justapaz, Corporación Ensayos, Planeta Paz, Red de iniciativas y comunidades de paz desde la base, Pensamiento y Acción Social, Ruta Pacífica de las mujeres, Mencoldes- Fundación Menonita Colombiana para el Desarrollo, La Salle-Secretaría de Pastoral, REDEPAZ, Fundación CHASQUIS Comunicación, Pacto Ético por un país en paz, IEP-UNAB, Iniciativa de mujeres colombianas por la paz.
Acompañantes Internacionales
Paz y Justicia Ecuador, ICED- Instituto Caribeño para el Estado de Derecho, Panamá SERPAJ- Servicio Paz y Justicia, ReD – Rodeemos el Diálogo, Fundación Arias para la paz y el progreso humano, Clave- Coalición Latinoamericana para la prevención de la violencia armada.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Negociadores de paz en la Habana y la sociedad civil en Colombia avanzan en la apertura de caminos para la paz



Al conmemorarse un año del inicio de las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC, registramos importantes logros de la mesa negociadora en la Habana, y plurales y significativas iniciativas de la sociedad civil por la paz. Ellas evidencian  que avanzamos en la apertura de caminos para la paz. 

Como no se había registrado antes en la historia de Colombia, el actual proceso de negociaciones de paz ha alcanzado logros sin precedentes: una fase de prenegociación discreta e impecable que condujo a un acuerdo general y trascendental: iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas sobre una agenda establecida, con el fin de alcanzar una Acuerdo final de Paz; un acuerdo parcial en política agraria, primer punto de la agenda; un acuerdo parcial en participación política, segundo punto de la agenda; las partes han mantenido la reserva que es tan necesaria en las negociaciones de  paz; y aunque se han presentado normales desacuerdos y embotellamientos, las partes no han suspendido la negoción de paz.

No existen procesos de negociaciones de paz perfectos ni fáciles; ni fórmulas académicas acabadas que conduzcan al éxito en este tipo de procesos de paz. Son procesos perfectibles, en construcción permanente y con alternativas de solución propias. Teniendo en cuenta esta realidad, la larga duración del conflicto interno armado y las condiciones propias del gobierno y de las Farc, es necesario reconocer que no es fácil llegar hasta donde han llegado, y que los avances alcanzados indican que no es imposible ni utópico considerar que pueden alcanzar un acuerdo final de paz. En ese sentido, reconocemos los esfuerzos del gobierno y de las Farc,  la oportunidad que se están dando para lograr lo que hasta el momento ha parecido imposible: dar fin al conflicto interno armado, sustituir la lucha armada por la lucha política, y sentar las bases para profundizar la democracia y resolver el conflicto social, tareas propias y transcendentales del proceso de construcción de la paz.


A su vez, en los últimos meses, distintos sectores de la sociedad civil por la paz han realizado diversas alianzas, han formulado interesantes propuestas y han asumido un rol más protagónico de cara a las negociaciones de paz y la construcción de la paz en el postconflicto. Destaco algunas de las valiosas iniciativas: el pacto ético por la paz del colectivo de mujeres paz y seguridad; la audiencia por la paz convocada por redes, Ong, Iglesias y academia; el proceso por la reconciliación en Arauca, generado y dinamizado por la iniciativa Puentes para la paz de la Iglesia Menonita; y la convocatoria a un pacto nacional por la paz, generada e impulsada por las organizaciones e instituciones que aparecen en la invitación que acompaña este artículo, y que será lanzada el próximo lunes, que plantea una propuesta y una metodología. A estas se unen plurales foros realizados por la academia, las ONG y la academia y organismos intergubernamentales.

 Las iniciativas de sociedad civil le han dicho a la mesa de negociaciones de paz de la Habana que reconocen sus esfuerzos, pero que tienen la responsabilidad histórica de no dilapidar esta oportunidad para dar fin por vía dialogada a la larga y costosa confrontación armada, que no deben suspender ni terminar el proceso de paz sin lograr el anhelado acuerdo final de paz, que para un mayor alcance del proceso de paz deben iniciar negociaciones de paz con el ELN, y que deben avanzar en acuerdos y hechos de paz. 

A su vez, han dicho a la sociedad civil en general que tiene la responsabilidad histórica de rodear las negociaciones de paz, exigir a las partes que no se levanten de la mesa y trabajar en las condiciones para la verificación e implementación del acuerdo de paz, y la tarea de construcción de paz que iniciará luego de la firma de dicho acuerdo. Proponen una amplia expresión social mediante la adopción de consensos y acuerdos sociales y políticos, locales, regionales, interceptoriales y multisectoriales que conduzcan a un gran pacto nacional sobre temas fundamentales que posibiliten una transición hacia "una democracia autentica, justa y equitativa", tal como lo expresa la convocatoria al pacto. Proponen una política pública de paz, y que el debate no se centre en forma polarizante, entre negociaciones de paz y guerra; sino que aborde contenidos sustanciales de la paz, como profundización de la democracia, vida digna, caminos para la reconciliación, y modelo de desarrollo equitativo e incluyente.


Quiero cerrar este artículo con el lema del II foro internacional, Horizontes para la paz y la  reconciliación en Arauca: Colombia sueña, cree, busca, anhela, construye, trabaja y vive la paz

NOTAS:

1. En la foto del medio a la derecha, niños y niñas cantan en el acto público que siguio a la caminata por la paz en Arauca. Sobre los niños la pancarta con el lema del foro, ya mencionado.
2. Junto a la foto anterior, la invitación al lanzamiento del pacto nacional por la paz.
3. La imagen descendente que sigue recoge el logo de la iniciativa de pacto etico de las mujeres del colectivo mencionado.
4. Una foto de la Audiencia por la paz. En ella figura el Representante Iván Cepeda de la Comisión de Paz del Congreso, Jenny Neme de Justapaz, Donaldo Quiroga de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare -ATCC-, experiencia Nobel Alternativo de Paz, Luis Eduardo Celis de la Corporación Nuevo Arcoiris y quien escribe este artículo.


sábado, 19 de octubre de 2013

Comisiones de Paz del Congreso y distintos sectores de la sociedad civil piden a la mesa de negociaciaciones de paz de la Habana: !No levantarse dela mesa!



La historia reciente ha ofrecido interesantes evidencias del rol protagónico que la sociedad civil por la paz ha representado en algunos procesos de paz y en  momentos históricos relevantes de algunas naciones. En el primer caso, en el marco de procesos de negociaciones de paz, la sociedad civil se ha organizado para realizar una mediación social en dichos procesos, haciendo llamados a las partes para que no se levanten de la mesa cuando las negociaciones evidencian embotellamientos; y también para ambientar los procesos en mención, buscando que mas sectores lo apoyen y participen. En el segundo caso, la sociedad civil se organiza para resistir pacíficamente y generar transiciones de dictaduras a democracias, siento el caso de la campaña del "No" que logró la realización del plebiscito que dio fin a la dictadura de Pinochet en Chile; o la resistencia que saco del poder a Milosevic en los Balcanes.

En Colombia, el proceso de paz que cumple un año por estos días, ha suscitado sintonías, entusiasmos moderados y oposiciones. Todo esto es normal en cualquier proceso de paz. Lo que vale la pena destacar, es que a medida en que ha ido transcurriendo el tiempo, se ha ido registrarse una mayor actividad de la sociedad civil en torno de la paz: foros de la academia y de organismos intergubernamentales, y de las comisiones de paz del congreso con víctimas y organizaciones en las regiones; pronunciamientos de las Iglesias, los pueblos, las mujeres, y las víctimas; e iniciativas de organizaciones de mujeres, como el "pacto ético por la paz", entre otras. Estimativos recientes, como el de DATEXCO, revelan que es mayor el porcentaje de colombianos que no desea que se suspendan las negociaciones de paz, aunque también reflejan un alto porcentaje de escepticismo frente a un acuerdo final.

En sintonía con lo mencionado, al conmemorarse un año de la instalación de la fase de negociaciones de Paz en Oslo, y frente a los embotellamientos recientes registradas en las negociaciones de paz,  las Comisiones de Paz del Congreso de la República y distintos sectores de la sociedad civil, la academia y el movimiento por la paz, remitieron una carta al Presidente Juan Manuel Santos y al Comandante de las Farc, Rodrigo Londoño. En ella destacan el momento esperanzador que representan estas negociaciones de paz para todos y todas en Colombia; reconocen los significativos logros que el gobierno y las Farc han alcanzado hasta el momento; manifiestan que admiten que es un proceso difícil, pero también, que no es imposible alcanzar el acuerdo final de paz; y esencialmente les solicitan no suspender ni terminar las negociaciones de paz porque la paz representa una urgencia nacional. Transcribo dicha carta a continuación:


CARTA ABIERTA DE LA SOCIEDAD CIVIL Y POLITICA

Respetados Señor Presidente de la Republica de Colombia, Juan Manuel Santos, y  Señor Comandante de las FARC, Rodrigo Londoño:

Quienes suscribimos esta carta nos dirigimos a ustedes para instarlos a que no dilapiden la oportunidad histórica que hoy reposa en sus manos, de poder dar fin por vía negociada al conflicto interno armado, que  se ha prologando por más de  medio siglo, dejando a su paso un impacto múltiple de altos costos para el Estado, la insurgencia y especialmente la sociedad civil.

Reconocemos que ustedes han alcanzado en el actual proceso de negociaciones de paz logros significativos sin precedentes. Sabemos que no es fácil llegar hasta donde han llegado, y somos conscientes de las dificultades que entraña lograr el deseado acuerdo final. Entendemos que ningún proceso de paz en conflictos armados prolongados es fácil, sin embargo, también tenemos presente que la historia reciente registra casos ejemplarizantes de conflictos de esta naturaleza resueltos mediante negociaciones de paz. Ellos enseñan que las dificultades propias de estas negociaciones no implican necesariamente la imposibilidad de llegar a la orilla por todos deseada y compartida de los acuerdos de paz: y que los diálogos tienen poder transformador.

Un conflicto de más de medio siglo de duración, atravesado por niveles extremos de degradación, convierte la paz en clamor sentido de una sociedad agotada de tanta muerte y destrucción. La paz representa no sólo un derecho y un deber (Artículo 22 C.P.), sino una urgencia nacional, entendiendo que la paz es un asunto de todas y todos.

El año pasado se cumplieron 30 años, de búsqueda de terminación del conflicto mediante negociaciones de paz, contados desde 1982, cuando el gobierno de entonces las convirtió en política de Estado. En el largo trayecto de tres décadas se ha intentado todo: desde la negociación directa hasta la confrontación abierta, pasando por la Asamblea Constituyente, el indulto y la entrega incondicional. Sin embargo, pese a ese descomunal esfuerzo, el entendimiento no ha primado sobre la confrontación.

Señor Presidente y Señor Comandante, sin duda la paz se relaciona con la vida política de la nación. No obstante, debe tenerse en cuenta que si bien las elecciones son ciertamente un episodio importante, la paz, hoy por hoy, es el acontecimiento más transcendental para el país y el conjunto de la sociedad.

Solicitamos que las conversaciones no se suspendan durante la campaña electoral, pues ello podría abrir la puerta a escenarios inciertos. La paz es un ejercicio supremo de la política donde deben intervenir los candidatos y sus partidos imbuidos por el espíritu de la paz de Estado. No puede suceder que tras los avances logrados en La Habana las elecciones estén por encima del clamor generalizado a la paz.

Los instamos para que honren la voluntad de paz que comprometieron al firmar el acuerdo general del 26 de agosto de 2012, sin suspender ni levantarse de la mesa de negociación hasta lograr el acuerdo de paz. En este sentido, sería de gran conveniencia que acordaran un límite temporal a las conversaciones y que dentro del mismo, den gestos y acciones efectivas que reduzcan la intensidad del conflicto, la victimización de la sociedad y la retórica belicista. Igualmente es importante que ustedes consideren alternativas de mediación formal y social que permitan superar embotellamientos propios de estas negociaciones y dinamicen el proceso de paz.

En sintonía con lo anterior, es preciso asumir que es necesaria la incorporación al proceso de paz de las otras fuerzas insurgentes, el ELN y el EPL, puesto que la paz parcelada impide la anhelada terminación del conflicto.

Después de dirigirnos a ustedes formulando peticiones discutidas y consensuadas declaramos que la firma de un acuerdo de terminación del conflicto armado entre el Estado y la guerrilla es un paso extraordinario dentro del proceso de largo aliento de construir la paz con justicia social en este país. Una vez sellado este acuerdo, ustedes y nosotros, tendremos la responsabilidad de retomarlo para desplegar la tarea de construir una paz estable y duradera.

Señor Presidente y Señor Comandante, leales al talante de la responsabilidad que demandamos, cerramos esta carta reiterando nuestro compromiso con la búsqueda y construcción de la paz.


¡NO LEVANTARSE DE LA MESA!
MANDATO CIUDADANO POR LA PAZ

domingo, 6 de octubre de 2013

Ganar la paz es la propuesta del "pacto etico" que el colectivo "Mujer, Paz y Seguridad" ha lanzado en Bogotá



Desde hace aproximadamente cuatro décadas o quizás más, diversas organizaciones de mujeres han asumido un compromiso con la construcción de la paz en Colombia. Identifico dentro de ellas, a la  pionera Organización Femenina Popular -OFP- de Santander, la Fundación  Mujer y Futuro, también de este departamento,  la Asociación de Mujeres en el Oriente Antioqueño -AMOR-, las madres de la Candelaria de Medellín, la Asociación de Familiares de Soldados y Polícías retenidos y liberados -ASFAMIPAZ-, la Ruta Pacífica en toda Colombia, y la Corporación Vamos mujer, entre otras. 

Algunas de estas organizaciones han evidenciado, en forma ejemplarizante, las posibilidades de la transición de víctimas a constructoras de paz; y todas ellas han hecho visible, desde diversas y creativas, propuestas y métodos, el empoderamiento pacifista de las mujeres. Iniciaron luchando por la defensa de los derechos de la mujer, la superación de la violencia de género y de la exclusión de las mujeres; pero fueron ampliando su labor a otros ámbitos también inherentes a la construcción de la paz: la protección de los derechos de las mujeres y demás sectores victimizados por el conflicto armado; en algunos casos, en contextos de alta violencia, se organizaron para resistir pacíficamente al conflicto en mención; en otros, para mediar en el mismo, salvando vidas y defendiendo derechos esenciales de pueblos, comunidades y víctimas; y en todos los casos, estas organizaciones ha propuesto la solución negociada del conflicto armado y distintos acuerdos humanitarios.

En esta ocasión, el colectivo: Mujer, paz y seguridad, lanzó el pasado miércoles, el "pacto ético por un país en paz", una interesante propuesta de mujeres para la construcción de la paz en Colombia. Ellas hablan de "diálogos difíciles pero posibles", "valores transformadores", "posibilidades de cambio", y proponen una ruta de 15 puntos.

Rosa Emilia Salamanca, con amplia trayectoria como defensora de DDHH, es la directora del colectivo en referencia. Transcribo a continuación apartes de su discurso en el lanzamiento, que da cuenta del origen, los fundamentos y la propuesta de esta iniciativa:

      "Hace tres años, iniciamos un viaje a Filipinas. Viaje curioso e interesante. Un país en Asia, un país semejante al nuestro, pero al mismo tiempo su antípoda. Diez mujeres colombianas con marcadas diferencias en pensamiento y vida y la posibilidad de convivir durante largas horas de vuelo y millas de distancia. Muchas horas de conversación, de intercambio, de reconocimiento, de emociones encontradas. 

      Muchas lecciones aprendidas. La primera, que podíamos darnos un tiempo para conversar a pesar de ser tan diferentes. Que podíamos darnos la oportunidad de conocernos, de saber nuestras historias, de escuchar a la otra a pesar de nuestros prejuicios, desconfianzas, y rabias. Y poco a poco un pequeño proceso de paz nació entre nosotras y una interesante y compleja amistad y complicidad (...)  que los paradigmas para afrontar los conflictos en el mundo pueden cambiar y tienen que cambiar.

     Que nunca hay que perder de vista que el origen de los conflictos sigue enraizado en la exclusión, en la discriminación, en la negación de los derechos de todos y todas, en la no redistribución, en una concepción del poder y de la autoridad añeja. Por ello ver la posibilidad de cambiar el paradigma de ganar la guerra a ganar la paz fue muy iluminador.

     Y aprendimos que esto significa cambiar definitivamente la lógica de la confrontación por la lógica del diálogo y la conversación. ¡ una conversación con resultados, efectiva! Una conversación con cambios profundos en las personas y en la sociedad. La transformación urgente en lo cotidiano y en lo público. Así que nuestro paradigma es ganar la paz. Esto implica andar todos los caminos para que esto sea posible. Requiere transformaciones y replanteamientos en todos los aspectos de la vida y del que hacer de lo que hoy conocemos como desarrollo.

     Que nos une. La apuesta por tener un país democrático donde se puedan discutir las ideas. Donde no hay que renunciar a los postulados pero si aprender que la verdad no es absoluta y que es el campo civil, amplio de la escucha y el debate donde se confrontan las ideas, El campo de la política donde se deben tener las condiciones para avanzar en ellos. Donde la terquedad y el mesianismo no son la ruta a seguir.

     De ahí nacieron nuestros diálogos difíciles, diálogos posibles, que ha sido la metodología con la que hemos avanzado en la construcción de ese pacto que hoy ustedes tienen en la mano y que parece sencillo, bonito como nos decían, pero que es contundente y profundo. Cada frase que hay allí es un llamado al corazón de esta sociedad y el resultado de conversaciones con sectores con quienes difícilmente hubiéramos soñado hablar por miedo, por prevención, por rabia.

    ¿Y que más une? la urgente necesidad de un ejercicio de concertación y transformación ética como fundamento del ejercicio político en Colombia. Y no hablamos de recuperar valores. Tenemos que construir valores nuevos, transformadores que permitan nuestra convivencia en un ambiente laico y de deliberación democrática..

     Filipinas fue el comienzo de diálogos, consultas, debates. Hoy dos años y medio después estamos aquí lanzando este pacto. Un grupo pequeño, modesto de mujeres decididas a iniciar un proceso conjunto hacia un país en paz. Este pacto entonces, busca convocar y animar a una ciudadanía activa transformadora y deliberante. No podemos guardar silencio frente a la construcción de paz. Nos compete a todas y cada una de las personas de este país. La esquizofrenia ente lo político y lo ético no puede continuar. No podemos seguir siendo el país del CVY (como voy yo). Tenemos que ser el país del CVTT. (como vamos todos y todas)

     Queremos hacer de este un proceso novedoso. Una campaña sostenida que se inicia hoy y que además de motivar la recolección de firmas para generar ciudadanía activa frente a la paz y lo que nos concierne a todas y todos, este es un proceso de reflexión ciudadana. Muy pronto saldrá una publicación documental guiada por la pregunta: 
 
    ¿Es verdad que las mujeres construyen paz de otra manera?. Claves de las múltiples contribuciones de paz desde las mujeres a los países en conflicto. Esto nos obligó a mirar que mujeres, que instrumentos y que paz. Estamos construyendo una web-serie que próximamente saldrá al aire, queremos hacer una aplicación para los celulares donde podamos jugar ha conseguir la paz desde los jóvenes y las niñas y los niños. Haremos un proceso pedagógico novedoso bajo la premisa de reconocer para transformar y transformar transformándonos.

    Nuestro símbolo representa una salamandra. ¿Por qué una salamandra? En estos nuevos paradigmas ya no nos sentimos representadas por las palomas para la paz. Queremos símbolos que den cuenta de nuestras realidad sin el blanco de la pureza y el vuelo lejos de la realidad. Las salamandras son animales terrestres, que no significa que no tengamos sueños pero queremos sueños posibles, concretables. Son de múltiples colores y tamaños. Cuando se les corta la cola o partes de su cuerpo les nace nuevamente. Son mágicas, cruzan el fuego y no se queman, son invisibles, hay que poner atención para verlas y cuando se les, una se maravilla de sus colores, sus visos. Hacen un sonido permanente y no muy fuerte porque no son animales agresivos. Si no pones mucha atención no los escuchas. Son increíblemente resilientes. Según la tradición son sobrevivientes y sabias. Y como son animales que consideramos que no sienten por sus facciones y su manera particular de mirar no les concedemos humanidad. Se les maltrata, se les teme, hay que tenerles desconfianza; son un buen ejemplo de sobrevivencia, de reconstrucción, de diversidad.

    Somos entonces como las salmandras y nos aceptamos desde múltiples colores, tamaños, pensamientos, nos hemos otorgado humanidad y reconocimiento y creemos firmemente que es en un lugar común por más difícil que sea, el lugar donde todas ponemos nuestras manos para construir la paz. El lugar donde salimos de nuestros lugares de comodidad. El lugar donde nos encontramos como aquí, así esto sea un desafío muy complejo y muy incómodo.

    Nosotras creemos en una reconciliación, pero una reconciliación transformadora que ponga las columnas para un ejercicio político y ético a la altura de lo que la paz y los graves problemas que tenemos en el país necesita.

     Para finalizar, una vivencia real en nuestro proceso. Ninguna durante el viaje a Filipinas podía bajarse del avión en vuelo y tuvimos que hablar como hoy en día muchas y muchos no quieren o pueden bajarse de este país. ¿Que significará entonces nuestra convivencia política, social, económica y cultural futura? Este es el desafío"