jueves, 28 de febrero de 2008

La Celebración del CRIC de sus Treinta y Siete Años de Existencia






La celebración del Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC- de sus treinta y siete años de existencia, fue como todo lo indígena: multitudinario y lleno de significados. Popayán fue el lugar de encuentro, que como lo expresa Jorge Caballero F., asesor del CRIC: "ciudad que esconde en su blancura la tragedia de la discriminación y la nostalgia de la invasión". Cuatro mil indígenas de los diferentes pueblos, zonas y resguardos del cauca se dieron cita en el puente de la Arcada, conocido como el "puente del humilladero", denominado así por representar durante la colonia un símbolo de discriminación al indígena, dado que a esta población le estaba vedado transitar por él, por su condición étnica, lo que los obligaba a pasar por debajo, llevando muchas veces a cuesta pesadas cargas y expuestos al devenir de las aguas del río.

En la autidiencia realizada se expresó: "quisimos en el centro de Popayán recordar nuestra existencia milenaria, rendirle homenaje a los mas de 500 compañeros caidos en la lucha por la tierra, la vida, el territorio y la autonomía, y recordarle al gobierno colombiano que los indígenas seguiremos reclamando del Estado nacional el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Estado con los pueblos, autoridades tradicionales y Cric, desde hace mas de 25 años".

En la jornada de celebración, que se extendió de 10 de la mañana a 4 de la tarde, las autoridades dieron testimonio de sus dificultades, pero a su vez, de su disposición para continuar soñando, caminar la palabra y movilizarse para la acción.

La Consejera Mayor, Aida Quilcue, en su intervención recogio la "voz de los siglos", para recordar el proceso de resistencia indígena desde La Gaitana y Quintín Lame hasta la actualidad, y traer a la memoria los altos costos que los pueblos indígenas han asumido en su lucha por su supervivencia, su organización indígena, su reconocimiento como pueblos, el ejercicio de su autonomía, la recuperación de sus territorios ancestrales, la protección de sus culturas, y la materialización de sus derechos sociales, económicos y culturales. En ejercicio de memoria histórica recordó los líderes y comuneros victimas de la violencia institucional, el conflicto armado, y la violencia estructural de la discriminación, la miseria y la pobreza, y destacó que "estos tiempos de guerra entre el gobierno nacional y la insurgencia, muestran que el objetivo es la población civil".

La intervención de la consejera concluyo manifestando: "la experiencia vivida por el Consejo Regional Indígena del Cauca en estos 37 años de vida organizada nos muestra que el poder existente de forma obstinada viola los derechos fundamentales e incumple sus compromisos constitucionales, proteje al gran capital y privilegia la fuerza sobre el diálogo y las ideas; igualmente nos permite considerar que la continuidad del conflicto armado dificulta el fortalecimiento de las autonomías locales, favorece intereses ajenos a las grades mayorías, fomenta el militarismo y facilita los Estados autoritarios; pero en especial nos demuestra que sólo la movilización organizada de los diferentes sectores sociales del país logrará avances en defensa de los derechos sociales, políticos y culturales (...) ".

La audiencia indígena finalizó con la convocatoria al fortalecimiento de las iniciativas sociales, el acuerdo humanitario YA, el cumplimiento por parte del Estado colombiano de los compromisos adquiridos con los pueblos y comunidades, la continuidad del tejido de iniciativas sociales y populares, detener el proceso de contrarreforma constitucional, y lograr mayores niveles de autonomía sectorial y de respeto a la movilización social.

Al cierre marcharon pacíficamente por el centro de Popayán, como se registra en una de las fotos, recordando su capacidad organizativa, los valores de sus culturas, la fuerza transformadora de su resistencia pacífica, y su compromiso con la vida, la armonía, la lucha contra la impunidad, la autonomía, el territorio y la libre autodeterminación de los pueblos.

Nota: este artículo se soporta en las fuentes de información que se registran a continuación:

  • Consejo Regional Indígena del Cauca - CRIC, "audiencia pública", Popayán, febrero 27 de 2008.
  • Las fotos fueron tomadas por Daisuke Shivata, archivo del CRIC

lunes, 25 de febrero de 2008

CRIC-: treinta y siete años aportando a la construcción de la paz en Colombia



El Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC- celebra por estos días sus treinta y siete años de existencia. Este acontecimiento, que representa por si solo un importante logro de esta experiencia indígena, nos conduce principalmente a reflexionar sobre los significados de su proceso, y principalmente frente a su aporte a la construcción de la paz de Colombia.
El CRIC ha sido considerado de diversas maneras: como movimiento indígena, iniciativa civil de paz de base social, experiencia regional indígena de resistencia histórica y resistencia civil, y una revolución pacífica, como lo señala el líder Marcos Yule, quien al respecto manifestó: "(...) nosotros mismos hemos generado cambios de hace veinte o treinta años, y aqui lo vemos en la práctica. La diferencia es que no es a la fuerza, no es por la vía de las armas, ahí si diferimos mucho, ahí hacemos un cambio en forma razonada e inteligente, aprovechando los valores que tenemos (...) a nosotros nos intereza es la gente, que diga, que opine, que cambie, contribuya al camino y que tenga fuerza para vivir bien, vivir en armonía, en equilibrio en la relación hombre con la naturaleza (...)".

El CRIC ha sido esencialmente un escenario de construcción de paz de base social o de abajo hacia arriba. Su proceso se ha nutrido desde sus orígenes con el legado de líderes históricos como Juan Tama y Manuel Quitín Lame, entre otros, la resistencia histórica de los pueblos indígenas del Cauca, los valores de las culturas de los mismos y su capacidad para asumir y transformar la realidad.

El proceso del CRIC ha generado el movimiento indígena en Colombia, ha evidenciado que es posible la unidad en la diversidad, y ha visibilizado la potencialidad de los pueblos indígenas en la construcción de la paz, con propuestas propias y un ejercicio de autonomía, mediante las cuales han respondido a tradicionales violencias estructurales como la pobreza, la miseria y la exclusión, que desde la "invasión española" han sido impuestas a los indígenas, y a violencias directas como el conflicto armado, que siendo generado desde afuera, les ha ocasionado un impacto múltiple y de gran alcance que ha puesto en riesgo su supervivencia y ha amenazado su cultura, autonomía y territorio. También ha propuesto formas alternativas de vida y de relación, mas humanas y esperanzadoras, en las que las culturas de los pueblos puedan expresarse en la plenitud de lo que son y aportar a este país desde la riqueza de su diversidad, y ha advertido sobre el riesgo que imponen modelos económicos como la globalización, que a su juicio "ha convertido en mercado la vida misma".

El CRIC ha evidenciado los alcances del poder comunitario, los procesos organizativos, el ejercicio de resistencia noviolenta, y la coherencia y permanencia de una propuesta indígena para los indígenas, los sectores sociales y para Colombia, que denuncia con firmeza cuando tiene que denunciar, que se moviliza sin recurso a la violencia, pero que siempre esta dispuesta al diálogo y a los acuerdos siguiendo su principio rector de la armonía y el equilibrio.

La paz que el proceso del CRIC ha construido, propuesto y soñado no puede considerarse como una paz completa o acabada, sino una paz perfectible, que significa mucho mas que ausencia de guerra, que se construye en el día a día, a partir de los valores de las culturas indígenas, sus capacidades y necesidades, desde mediaciones permanentes entre conflictividades y opciones pacifistas, que se reconoce en la forma noviolenta como gestionan, regulan y resuelven los conflictos, en sus significativos logros en términos de recuperación, protección y fortalecimiento de sus culturas, territorio y ejercicio de autonomía, y en sus relaciones interétnicas.

Antes del surgimiento del CRIC los pueblos indígenas del Cauca soportaban el peso de un pasado de discriminación, exclusión e injusta negación de sus culturas y alternativas de futuro. Con la emergencia de este proceso regional, los indígenas ha podido potenciar los valores y capacidades propios de sus culturas, han aportado a la comprensión de la multiculturalidad y de sus requerimientos, han movilizado sus propositivas y humanizantes propuestas, han evidenciado su protagonismo en la construcción de la paz, y se han convertido en un referente muy importante para otras iniciativas civiles de paz y para distintos sectores sociales, que encuentran esperanza en sus propuestas y formas de vida.

NOTA: este artículo se soporta eh las fuentes de información que se relacionan a continuación:

  • www. nasaacin. org.
  • Hernandez Delgado E. (2004), Resistencia civil artesana de paz. Experiencias indígenas, afrodescendientes y campesinas, Bogotá, Editorial de la Universidad Javeriana.
  • La foto fue tomada de la web reseñada, y representa el momento en que lo alguaciles del Cabildo de Jambaló asumen el poder representado en sus bastones de mando.

viernes, 25 de enero de 2008

La Importancia de los Sueños

En estas primeras semanas del año recibí de mi amiga Marcela el bello poema de Mario Benedetti : "Dale vida a tus sueños", que transcribo a continuación:
"Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
no los confundas nunca con realidades vanas.
Y aunque tu mente sienta necesidad, humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío, poco a poco,
no les rompas las alas, que son fantasía,
y déjalos que vuelen contigo en compañía.

Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas y el viento, susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado
y sentirás el cuerpo con caricias, bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.

Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
descubrirás que puedes vivir estos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despiertos".

Este poema me hizo recordar la importancia de los sueños en la construción de la paz. Los representantes de las iniciativas civiles de paz de base social me han expresado siempre que fueron sus sueños y la necesidad de movilizarlos, para convertirlos en realidad, los que generaron sus procesos organizativos, desplegaron sus capacidades, les ayudaron a vencer el miedo y a enfrentar y transformar perfectiblemente muchas realidades adversas.

Los indígenas del Pueblo Nasa hablan de la necesidad de soñar y de construir los sueños, y Alirio Arroyave, generador de la Asamblea Constituyente de Tarso, cuenta que siempre tuvo ese sueño y que con esta experiencia ha probado que los sueños se cumplen. A su vez, diversas víctimas del conflicto armado nos enseñan que los sueños les han permitido superar el dolor y la adversidad para resistir sin violencia y sobrevivir, organizarse con el ánimo de ayudar a otros, buscar espacios para la memoria y los derechos de las víctimas, y de luchar para que la barbarie cese y no se repita jamás.

Las iniciativas civiles de paz evidencian que en Colombia existen sueños de paz, que vale la pena persistir en ellos y movilizarlos, que ellos son posibles y que generan realidades de paz.
NOTAS:
  • La primera y la última fotografía corresponden a paisajes del Caquetá.
  • La fotografía del medio corresponde a un paisaje en La Chorrera en el Amazonas

miércoles, 19 de diciembre de 2007

COCOMACIA y la Construcción de la Paz en el Medio Atrato Chocoano





El medio Atrato chocoano es una región caracterizada por la riqueza de los pueblos que en él residen y sus culturas, sus recursos naturales y minerales, y su biodiversidad, por la capacidad organizativa y de resistencia noviolenta de los pueblos que en el habitan, y por la tradicional ausencia o insuficiencia de inversión social del Estado en sus diferentes niveles. También, por registrar en forma tradicional expresiones de violencia estructural como la pobreza, la miseria, la exclusión y la explotación, evidenciados en altos indicadores de necesidades básicas insatisfechas, y por ser escenario de la violencia directa del conflicto armado, que como lo expresan los pueblos: "les fue impuesto desde afuera", y que ha representado un significativo impacto sobre sus comunidades y culturas.
Esta región alberga comunidades negras y pueblos indígenas que se han asentado allí desde el arribo de los colonizadores españoles en el caso de los segundos, y desde la esclavización para la explotación del oro, respecto de los primeros. A lo largo de su historia, los pueblos de medio Atrato han ejercido una resistencia ancestral y sin uso de la violencia para sobrevivir, enfrentar las violencias mencionadas, y proteger lo que les es tan propio: su cultura, territorio y autodeterminación.
La región del medio Atrato comprende el tramo medio del rió Atrato, que la atraviesa de norte a sur, su población mayoritaria es negra, seguida por la indígena, y esta integrada por 7 municipios, 120 comunidades negras y 40 resguardos indígenas.
Las comunidades negras del medio Atrato se caracterizan por una cultura propia, que encuentra sus raíces en sus ancestros africanos sometidos a injusta trata y esclavización en el siglo XIII, y que se recrea con las culturas de los pueblos indígenas que habitaban el territorio, y sus relaciones interétnicas. Se identifican como rasgos sobresalientes de las culturas negras: la fuerza de la identidad, la familia extensa, el significado que otorgan a la solidaridad y la apropiación de la misma, su relación armónica y respetuosa con la naturaleza, su resistencia ancestral, su resiliencia o capacidad de recuperación frente a la adversidad, el estrecho vínculo que mantienen con el territorio, su comprención humanizada del territorio que integra al mismo los recursos naturales, las especies y los seres humanos que lo habitan, y las prácticas, usos y costumbres noviolentos para la resolución de los conflictos.
En este contexto surgió la iniciativa civil de paz de base social de las comunidades negras del medio Atrato, reconocida inicialmente como la Asociación Campesina Integral del Atrato -ACIA- y a partir de la ley de comunidades negras de 1993, como el Consejo Comunitario Mayor de la ACIA -COCOMACIA-. Esta experiencia se caracteriza como un proceso de resistencia noviolenta de las comunidades negras a la violencia estructural y al conflicto armado.
A comienzos de la década de los ochenta del siglo XX, las comunidades negras del medio Atrato resolvieron organizarse sin recurso a la violencia para responder en forma específica a la amenza que representaba para sus culturas y territorio, el trámite de la adjudicación por parte del Estado de una concesión a las madereras Pizano S.A., Carton de Colombia, y el Darien, para la explotación de sus bosques, bajo la afirmación de que allí sólo existía selva. De la mano de la Diócesis de Quibdó y sus equipos misioneros, las comunidades se propusieron demostrar al Estado que ellas existían allí, y que además no era una población cualquiera, sino un pueblo con una cultura propia y unos derechos sobre un territorio que habían ocupado ancestralmente. En tal propósito desarrollaron actividades y estrategias de resistencia noviolenta como: encuentros y talleres zonales, elaboración de mapas parlantes, la campaña del "telegrama negro" y las tomas a la Catedral de Quibdó y la Embajada de Haití. Los resultados fueron muy significativos y relevantes: la suspención de la adjudicación de la concesión mencionada, el reconocimiento étnico a nivel constitucional, la titulación colectiva de 800 mil hectáreas, la organización comunitaria, y la confianza de las comunidades en su capacidades para asumir y transformar la realidad.
A mediados de los noventa de la misma centuria, el conflicto armado, específicamente su escalamiento, comenzó a generar un impacto directo sobre las comunidades, que amenazaba los derechos esenciales a la vida, la libertad, la movilidad, el trabajo y la cultura, la integridad de las comunidades, el territorio y la autonomía, entre otros. Frente a las apremiantes necesidades impuestas por esta modalidad de violencia, también se desplegaron las capacidades organizativas de COCOMACIA y su ejercicio de resistencia noviolenta para la protección de sus culturas, territorio y autonomía. Han sido diversas y muy valiosas sus estrategias: resistencia al desplazamiento forzado, acompañamiento de comunidades en riesgo, retornos de comunidades desplazadas, la elaboración de los reglamentos de los consejos comunitarios locales y la formación comunitaria para su apropiación, los diálogos pastorales con los actores del conflicto armado, la elaboración participativa del plan de etnodesarrollo, las tiendas comunitarias, la distribución de alimentos mediante la embarcación del "Arca de Noé" que permitia a las comunidades resistir en el territorio frente a los bloqueos impuestos por los actores armados, los centros humanitarios que albergan poblaciones en riesgo para que no tengan que desplazarse del territorio, y los mensajes de urgencia, entre otras. Se identifican dentro de los principales logros de este ejercicio de resistencia noviolenta: la protección de las comunidades, la cultura y el territorio, el retorno a sus territorios de 78 de las 80 comunidades desplazadas, la disminución de la intensidad del conflicto armado, el premio internacional de Derechos Humanos otorgado en el 2002 por la organización pro-derechos humanos de España, y los 26 años de duración que ha alcanzado su proceso comunitario, entre estos.
COCOMACIA evidencia la riqueza de las culturas negras, su capacidad organizativa, y la forma como su resistencia noviolenta ha aportado a la construcción de la paz en el medio Atrato chocoano, una paz imperfecta o inacabada, que se genera en el día a día, a partir de capacidades propias y mediaciones entre violencias y prácticas pacifistas, que asume y transforma la realidad.
Nota: se reconocen como fuentes de información de este artículo:
  • Consejo Comunitario Mayor de la ACIA, Red de Solidaridad Social, Presidencia de la República, (2002), Medio Atrato: territorio de vida, Bogotá.
  • Hernandez Delgado E. (2004), Resistencia Civil Artesana de Paz. Experiencias Indígenas, Afrodescendientes y Campesinas, Bogotá, Editorial Universidad Javeriana.

Mandatos del VII Congreso Nacional Indígena


En la segunda semana de diciembre de este 2007 que finaliza, se realizó el VII congreso nacional de los pueblos indígenas de Colombia. Este evento reunió a dos mil indígenas del país, y contó con representaciones de otros pueblos indígenas de latinoamérica como Quechua de Perú, Maya, Misquito de Nicaragua, Charúa de Uruguay, y de organizaciones como la Coodinadora Andina de Organizaciones Indígenas -CAOI-.
Entre deliberaciones, rituales y danzas, los participantes en el congreso acordaron aspectos relacionados con sus derechos como pueblos y con la defensa del ambiente y los recursos naturales. Ellos hablan de autonomía, protección del territorio, justicia propia, y no privatización del agua, aspectos todos ellos muy importantes frente a los requerimientos de la multiculturalidad y la construcción de la paz. Estos mandatos se relaciona en los siguientes apartes tomados textualmente:
"(...) pedimos a los buenos espíritus que nos guíen para que la palabra sea creadora de unidad y armonía, dulce pero firme, por que no somos parte del paisaje (...) la primera puntada del tejido apunta a oponernos a la invasión de nuestros territorios y la venta de nuestros recursos por parte de ningún agente externo. Este mundo nos lo dejó nuestro padrecito creador, nosotros somos los guardianes de este mundo, nadie lo puede vender. Si el gobierno quiere vender el petróleo y territorios, que cree un mundo para que lo venda, por que este mundo no es de él (...) Creación de consejo de justicia para juzgar y condenar a quienes delincan dentro de nuestros territorios. Cualquier agente que sea, ya sea delincuencia común o grupos armados legales o ilegales. No podemos permitir que los grupos armados cometan delitos y sigan paseando libremente por el país, como pasa con muchos militares, paramilitares o subversivos (...) no aceptar la privatiación del agua. El agua debe ser un derecho fundamental y todos tenemos derecho a acceder a ella. El agua es un regalo del agua y el fundamento de la vida. Así como no se puede vivir sin aire, tampoco se puede vivir sin agua".
NOTAS Y FUENTES
  • Simbolo de la experiencia indígena: "Territorio de Comunicación, Diálogo y Negociación de la Maria" en Piendamó, Departamento del Cauca.
  • Comunicado de la Organización Indígena de Colombia -ONIC-, "Palabras dulces pero firmes", diciembre 12 de 2007.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Los Requerimientos de la Multiculturalidad frente a los Pueblos Indígenas


Como la mayoría de los países del mundo, Colombia es diverso étnica y culturalmente. Pueblos indígenas, afrodescendientes, gitanos y raizales materizan esta realidad.

La diversidad que enriquece la condición humana, la convivencia y la democracia, ha sido percibida en distintos momentos de la historia en forma negativa, desde teorías políticas homogenizantes que la niegan como realidad y la asocián a conflictos. Nada mas real y natural que la diversidad y los conflictos, ambos inherentes a la condición humana. Lo que definitivamente si es incomprensible, inadmisible y sin fundamento es la negación de la diversidad, el exterminio de los pueblos, la asimilación coersitiva de las minorías nacionales en las comunidades políticas o su segregación entre otras.

Las reiteradas violencias ejercidas sobre las minorías en el mundo, la precariedad de su condición de vida, las gestiones humanitarias en favor de su protección, el paradigma de sistemas políticos y sociedades más democráticas, y los movimientos gestados e impulsados por las minorías han generado en la historia reciente de la humanidad una creciente preocupación por la multiculturalidad.

El desafío actual de los Estados plurinacionales y pluriculturales esta representado en su capacidad para garantizar la convivencia pacífica entre las minorías y las mayorías, asegurando al mismo tiempo la unidad política y los derechos de las minorías, y construyendo o fortaleciendo democracias mas amplias donde las minorías puedan expresarse, participar y aportar desde la diversidad que representan.

En Colombia se registran 102 pueblos indígenas que representan aproximadamente un millón y medio de personas. Ellos tienen cosmovisiones propias o "formas particulares de ordenar y dar sentido al mundo". A su vez, se distinguen por aspectos esenciales a su condición de pueblos, como la autonomía, el territorio, la cultura y el autogobierno. Siendo todos ellos "pilares muy importantes que sostienen su proyecto de vida", sin duda alguna se destaca la relevancia que el territorio tiene para los pueblos indígenas, por su significación y la forma como se relacionan con el mismo. Desde su cosmovisión, este es percibido como: "el espacio donde se vive la cultura, se ejerce la autonomía y se recrean los aspectos esenciales para la vida, el aire, el agua y el alimento para el cuerpo y el espíritu, el lugar donde estan enterrados nuestros ombligos y nuestros muertos (...), "el libro histórico que mantiene la tradición de quienes habitamos en ella", "nuestra casa", "la madre tierra". Además, el territorio es concebido como un ser vivo e imcompleto que se complementa con quienes lo habitan.

Hoy como ayer, estos pueblos soportan el impacto de distivas violencias. Diversos informes de organizaciones intergubernamentales, visitas internacionales de observación y estudios académicos dan cuenta de la dificultad que afrontan los pueblos indígenas en este país. Dentro de estas se identifican: miseria y pobreza, altos grados de desnutrición, carencia de servicios esenciales, desplazamiento forzado, amenazas, masacres, asesinatos selectivos, estigmatización, exclusión y represión, entre otros. Además, sus territorios son insuficientes, carencia que se torna mas aguda para los pueblos ubicados en la zona andina, y en otros casos, son objeto de intereres económicos privados nacionales e internarcionales. Se estima que sólo 950 mil indígenas cuentan con resguardos.

La multiculturalidad implica frente a los pueblos indígenas: que no se prohiban y repriman sus movilizaciones; que sus líderes no sean estigmatizados, amenazados, desaparecidos o asesinados; que los gobiernos locales, regionales y nacional cumplan los acuerdos suscritos desde mediados de los noventa relacionados con la entrega de tierras, como en el caso del pueblo Nasa del Cauca; que las obras civiles y los megaproyectos les sean consultados previamente y respeten sus territorios y sitios sagrados; que se comprometan esfuerzos en el mejoramiento de su calidad de vida y la protección de su pervivencia; que los actores del conflicto armado respeten su ejercicio de autonomía y su derecho a la paz, y reconozcan sus propuestas y aportes a la construcción de la paz.

Los pueblos indígenas representan raices muy importantes de nuestro pasado, sus culturas milenarias albergan incalculables valores que hoy tienen mucho que enseñarnos, y su movimiento indígena y su resistencia noviolenta nos ofrecen pistas muy importantes sobre los requerimientos para la paz de este país.
NOTAS Y FUENTES:
1. Foto de un bebé Uitoto de la Chorrera en el Amazonas.
2. Dibujo elaborado por los Pueblos Hijos del Tabaco, la Coca y la Yuca Dulce en la Chorrera - Amazonas.
3. Foto de mayora Nasa que asiste a una asamblea del Proyecto Global de Jambaló. Ella escucha las exposiciones y al mismo tiempo teje una mochila.
4. Kymlicka W. (1995), Ciudadaía Multicultural, España, Ediciones Paídos Ibérica S.A.
5. Hernandez Delgado E. (2004), Resistencia civil artesana de paz. Experiencias indígenas, afrodescendientes y campesinas, Bogotá, Editorial Universidad Javeriana.
6. www.nasaacin.net

sábado, 24 de noviembre de 2007

LAS MUJERES Y LA PAZ



















Tradicionalmente la paz ha sido asociada con la mujer. A juicio de las estudiosas del tema, esta relación encuentra su origen en prácticas pacíficas femeninas y roles asignados a las mujeres, especialmente dentro de sociedades patriacarles. Por el contrario, el hombre ha sido identificado con la violencia de la fuerza, la guerra, y el uso de las armas. En la antiguedad griega la paz era representada en la figura de la diosa Eirene, como símbolo de fertilidad y abundancia, y desde entonces hasta el siglo XIX en forma generalizada se mantuvo la identificación simbólica de la paz con la mujer.

La mujer se reconoce como gestora de paz en diversas prácticas, iniciativas y escenarios: en su labor de mediadora de conflictos en el ámbito privado de las relaciones familiares; en la práctica de valores asociados a su condición de mujer y de madre, como el amor, la tolerancia, la compasión, el cuidado, la justicia, la igualdad y la protección de los mas débiles. En la historia reciente, en la conformación de movimientos feministas que han procurado la defensa de derechos como el sufragio y la igualdad, en un ejercicio de resistencia civil contra el armamentismo y la guerra, en iniciativas de paz tendientes a la superación de violencias estructurales como la exclusión y la pobreza, y violencias directas materializadas en conflictos internos armados, y en posturas como el ecofeminismo con el que asumen una defensa del ambiente.

En Colombia las mujeres han soportado el mayor impacto de distintas violencias. Dentro de estas: la domestica o familiar, la de la miseria y la pobreza, y el conflicto armado. Por cuenta de estas violencias han sufrido exclusiones, carencias, agresiones físicas, desplazamiento forzado, la pérdida de seres queridos, la vinculación de sus hijos a los grupos armados, han presenciado toda suerte de hechos violentos, han sido objeto de amenazas y persecuciones, y muchas veces sus cuerpos han sido convertidos en objetivo militar. Por estos días distintas organizaciones de mujeres hablan de "feminicidios" para referirse a los asesinatos de mujeres en Medellín, Cali y Risaralda; liderezas de la OFP han sido agredidas y amenazadas en Barrancabermeja por grupos denominados "aguilas negras", y en el sur de país, especificamente en la frontera entre Colombia y Ecuador, han realizado una movilización binacional, para denunciar la grave sitiuación de las mujeres desplazadas y refugiadas, y la militarización de los departamentos de Putumayo y Nariño.
En medio de las violencias y a pesar de las mismas, en este país las mujeres se han organizado en forma ejemplarizante para contribuir a la paz. Ellas han asumido una postura de resistencia noviolenta, entendida desde una perspectiva de género como "fuerza vital" con la que han pretendido transformar la realidad, defender sus derechos, desarrollar iniciativas colectivas para enfrentar la pobreza, liderar acciones colectivas en defensa de los DDHH, proteger pueblos y comunidades, disminuir la intensidad del conflicto armado, apoyar a las víctimas de la violencia, abogar por una solución negociada del conflicto armado, y mediar ante los actores armados y el gobierno nacional para facilitar acuerdos humanitarios. Recordamos algunas de sus consignas: "de la casa a la plaza" de la Asociación de Mujeres del Oriente Antioqueño -AMOR-, y "las mujeres no parimos ni entregamos hijos para la guerra" de la Organización Femenina Popular -OFP-.
Las organizaciones de mujeres y sus procesos en Colombia nos muestran la potencialidad de las mujeres en la construcción de la paz y la importancia de "feminizar la paz", incorporando a nuestras culturas y colectividades las tradicionales prácticas pacíficas femeninas, y posibilitando y apoyando el trabajo de las mujeres por la paz.
FUENTES:
  • Diez Jorge M. E. y Mirón Pérez M. D., "Una paz femenina" en: Molina Rueda B. y Muñoz F. A. (eds) (2004), Manueal de paz y conflictos, Granada, Editorial de la Universidad de Granada.
  • Ruta Pácífica de las Mujeres y Organización Femenina Popular, Comunicado de Prensa No 4, noviembre 8 de 2007.
  • Casa de la Mujer, Comunicado: los asesinatos -feminicidios- de mujeres en Medellín, Cali y Risaralda no son hechos aislados, noviembre de 2007.